lunes, 5 de febrero de 2018

Premio a la mejor conducta ambiental

El pasado día 12 de enero tuvo lugar en Guadalajara la XX Gala de Premios de Medio Ambiente de Ecologistas en Acción. Un evento festivo donde pudimos reunirnos multitud de naturalistas, profesionales, aficionados y personas de toda condición comprometidos con la defensa de la Naturaleza y la denuncia constante del mal trato que la administración española ejerce de continuo contra el Medio Ambiente.

En esta gala tuve el honor de recoger, junto a mi compañero y amigo Raúl Ablanque, el premio a la "Mejor Conducta Ambiental", en representación de Proyecto Lobo - Proyecto de Voluntariado para el Censo y evaluación del estado de conservación del lobo ibérico.

Todo un honor que anima a seguir peleando. Porque mientras nosotros estábamos allí, se siguieron matando lobos en España. Legal e ilegalmente y sin consecuencias.


domingo, 28 de enero de 2018

Las parameras heladas

A veces, tengo la sensación de que salir al campo en invierno por las zonas más remotas de la provincia de Guadalajara ya no es lo que era. De esas tierras me enamoró su eterna soledad, la mordida de sus fríos y el rugido de sus vientos; y también, porqué no decirlo, las dificultades que hasta hace pocos años presentaba el llegar a ellas, sobre todo en la carretera. Puede que la sensación de aventura me venga del recuerdo romántico, pero lo cierto es que hoy me resulta más fácil. Hoy, han reasfaltado o ampliado algunos viales, echan sal, pasan las quitanieves. Cuando empecé a viajar de noche para poder amanecer en esos montes, eso no ocurría, y con frecuencia tenía que darme la vuelta o conducir sobre dos palmos de nieve.

Un sábado de enero de este nuevo año, según atravesaba la sierra, observaba encantado como la nieve aumentaba a la vera de la carretera conforme iba ascendiendo. Conduje bordeando las montañas por su límite exterior y llegué hasta las frías parameras de la Sierra de Pela. En algunos puntos la nieve superaba el medio metro y se la veía apilada en las calles y muros de los pueblos silenciosos que iba dejando atrás. Conducía sin problemas, dado que la madrugadora máquina quitanieves debía haber pasado no mucho antes. Volví a pensar que hasta hace unos años aquello era impensable.

Al llegar al monte que quería explorar ese día, me llevé una agradable sorpresa. Estaba cubierto de niebla y había sido azotado por una tormenta de nieve hacía pocas horas. El manto blanco estaba impoluto, intocado, modelado por el viento como si de dunas se tratase. La nieve, tan fina y densa como una capa de arena, cubría todo el paisaje y pintaba de blanco los árboles. Me eché la mochila a la espalda y me adentré en aquel pasajero mundo onírico de nieve virgen.


 
La nieve engrandece, como pocas cosas, los paisajes. Las nubes bajas ensombrecían el horizonte y dotaban a aquel mundo nevado de una atmósfera aún más impresionante. El crujido de mis pisadas en la nieve me sonaba como el quebranto de un mundo secreto. Pude observar hasta cuatro zorros, demasiado rápidos para la cámara, además de liebres (especie críptica cuya abundancia sólo la puedes estimar cuando nieva), zorzales reales y los infaltables corzos. Disfruté como siempre del rastreo de huellas en la nieve (raposos, garduñas, ardillas, liebres, mirlos) pero no pude cortar las huellas del animal que había ido a buscar; la nieve debía haber tapado su rastro, o puede que no anduviera por allí. Sin embargo, lo más espectacular fue el vuelo imponente pero silencioso de un gran duque atravesando la columnata blanca de árboles. Los ojos naranjas brillaba en la blancura como carbones ardientes. También él fue demasiado rápido para mi objetivo.


 

Bosques de Pinus sylvestris totalmente cubierto de blanco. Parece que los pinares sobre caliza que existen en estos remotos parajes, pese a haber sido potenciados por el hombre, existían también de manera natural, en esta alta paramera elevada a más de 1300 metros sobre el nivel del mar. Multitud de árboles de toda edad y centenares de ramas aparecían quebradas por el peso de la nieve. Imágenes como éstas, que nos transportan tal vez a las regiones hiperbóreas, no son sino escenas cotidianas en las montañas de la vieja Iberia.



 
Mediado el día abandoné aquellas blancas parameras de paisajes tan impresionantes y me dispuse a explorar otras zonas más bajas, donde ya faltaría la nieve. Realmente estaba trabajando, si puede decirse así, no vagando por la naturaleza. A las dos de la tarde apenas había un grado bajo cero y brillaba el sol. Antes de abordar de nuevo las carreteras de montaña para ir a la nueva zona, me senté en el maletero abierto del coche, saqué el termo de la mochila y tomé un café caliente en mi taza verde.

Veía la carretera desierta, como siempre, transitada sólo por las cornejas. Las nubes se iban y el sol me calentaba la cara: sentía que me rejuvenecía. Por doquier se escuchaba el ruido sordo de la nieve cayendo de las ramas hacia el suelo. De cuando en cuando sonaba un estallido lejano, desde el bosque, que no era otra cosa que un árbol o una rama al romperse y quebrar bruscamente el silencio del invierno. Ese eco tan salvaje, los árboles rompiéndose por el peso del invierno. ¡Qué privilegio escucharlo! Pensé que aquel día no habría querido estar en ningún otro lugar.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Testigo mudo

Sabía que conservacionistas, investigadores y naturalistas acostumbran a dejar cámaras de fototrampeo instaladas en un lugar determinado, sin moverlas, durante todo un año: por ejemplo, se documentó como un árbol conspicuo de los Abruzos italianos era utilizado para el marcaje por osos, lobos y todos los ungulados. Entre febrero y noviembre de 2017 he hecho este experimento en uno de los rincones más remotos que conozco, en el corazón del Sistema Ibérico. En las periódicas visitas que he realizado a éste paraje, uno de mis paraísos particulares, yo sí he movido la cámara para cambiar la perspectiva o la zona a cubrir (un paso, un punto de agua, etc) sin salir de un radio de cincuenta metros. Este ejercicio no tenía interés científico sino que simplemente me movía la curiosidad.

Casi toda la fauna registrada por la cámara es fácil de observar en la zona, característica por su tranquilidad, biodiversidad, alta biomasa animal y nulas injerencias humanas (no han aparecido personas en la cámara y nunca he encontrado huellas). Pero la nitidez y efectividad del fototrampeo actual permiten observar, sin molestar de ninguna manera a los animales, multitud de particularidades que, en los normalmente fugaces encuentros con la fauna salvaje, no da tiempo a apreciar. Desde dos zorros que se mantienen juntos durante todo el año hasta cómo se configuran los grupos de ciervos en las diferentes estaciones, pasando por cómo un corcino huérfano sigue a un viejo macho.

Como despedida de este año 2017 dejo una pequeña serie de imágenes tomadas por esa cámara.

Cabra montés (Capra pyrenaica)

La cabra es con mucho el herbívoro salvaje más abundante de la zona, favorecida sin duda por tratarse de una región definida por profundos cañones, hoces escarpadas de gran verticalidad, limitadas por páramos altos y valles herbosos. No tienen nada que ver con algunas cabras de determinadas zonas de Gredos o Cazorla, siendo aquí animales puramente salvajes que no soportan la presencia del hombre y huyen a la mínima. Los machos viejos, más recelosos y difíciles de ver que las hembras, acostumbran a agruparse en grupos nutridos de hasta diez ejemplares.

- Macho adulto, probablemente de tres años:


- Hembra con cría y macho comenzando a rondar a las hembras a finales de septiembre:



- Macho joven distrayéndose con una polilla:


Jabalí (Sus scrofa)

Aunque pudiera parecer lo contrario, los jabalíes son abundantes en estos parajes abruptos, refugiándose en los espesos bosques de encina y quejigo o en los pinares. Carecen de depredadores naturales, más allá del daño que pueda hacer el águila real en los rayones, y esa gente siniestra que apesta a pólvora y a cadáver no llega a todos los sitios. He podido detectar dos camadas durante este año, tanto aquí como en regiones cercanas.

- Grupo de jabalíes con varios rayones de hembras distintas (se aprecia por el distinto tamaño de las crías):



- Jabalíes aprovechando como bañadero uno de los escasos puntos de agua de este año seco:


Corzo (Capreolus capreolus)

Desmontando otro de los mitos de algunos sectores, el corzo no parece verse afectado por la abundante población de cabra montés y ciervo, presentando una buena densidad en estos agrestes parajes. Como particularidad, en estas zonas escarpadas no se agrupan en manadas durante el invierno, al contrario que en las zonas bajas. 

- Hembra con cría del año, ya crecida, a principios de noviembre:


 - Uno de los machos de corzo con mayor cornamenta que he visto se esconde en este lugar. Ha aparecido siempre solo en las cámaras, siendo el único macho que ha rondado el lugar durante el año, ya que no ha quedado retratado ningún otro, ni yo los he visto en persona en las visitas periódicas que he realizado. A pesar de esta evidente territorialidad, parece que todavía le queda un retazo de "corporativismo" o especismo: a finales de septiembre aparece acompañado de un corcino, posiblemente huérfano.





Ciervo (Cervus elaphus)

El mayor de los ungulados ibéricos es, cuando se trata de un animal libre y salvaje, el más complicado de ver. Nada tienen que ver estos ciervos con algunos que viven en fincas cinegéticas en la España de escopeta que se vendió a los terratenientes. Fitófagos puros, prefieren la nocturnidad; especialmente los machos son muy esquivos y escogen los rincones más tupidos e inaccesibles del monte para esconderse durante el día. A pesar de ello, se les puede detectar en los puntos de paso obligado o los escasos lugares con agua en años secos como éste.

- Varetos, ciervos de un año de edad que se caracterizan por dos únicas cuernas rectilíneas y sin ramificaciones:




- Evolución de un cervato entre los meses de julio y septiembre (característico pelaje moteado para camuflarse):



- Machos de dos-tres años. Se les ha detectado moviéndose juntos, sin hembras u otros machos, durante varios meses (se trata de dos ejemplares distintos que pasan en fila):



 - Macho adulto con la cuerna derecha quebrada en los combates durante la berrea:


- Días después aparece el rey del bosque: un macho de quince puntas (ocho en una cuerna, siete en la otra):



Gineta (Genetta genetta)

Una jineta tenía predilección por uno de los pasos. Lo más destacable del fototrampeo en el caso de un depredador estrictamente nocturno y especialmente esquivo, es su utilidad para identificarlas individualmente por el patrón de las manchas del pelaje:





Zorro (Vulpes vulpes)

Protagonista indiscutible de todo escenario natural que se precie, cerca de las zonas de paso cubiertas por la cámara debía haber una zorrera, germen de un núcleo familiar. Pese a ser tan abundante, se trata de un carnívoro no del todo estudiado, tal vez por ello sujeto a tantos mitos rurales o desinformados. Algunos naturalistas como Contreras Parody han estudiado recientemente como los zorros se organizan en torno a grupos familiares y dependen de ellos en gran medida, pese a campear solos en busca de alimento.

- Zorra devolviendo a la seguridad del cubil a un zorrezno descarriado (mayo):


- El fototrampeo permite, en otras cosas, identificar individual y sexualmente a los ejemplares de casi cualquier mamífero que aparezca en las cámaras. Por ejemplo, había una hembra característica por ser muy delgada, en ocasiones de apariencia famélica, que sin embargo ha sido reproductora este año. Con el fototrampeo he podido observar cómo en abril estaba recién parida (vulva muy amplia) en comparación con fotografías de junio, cuando ya estaba recuperada:



- Miembros del grupo familiar moviéndose juntos. En la primera fotografía la hembra, acostada al pie de una sabina, vigila al macho. Meses después, lo que parecen ejemplares diferentes transitan cerca del territorio:




Un atisbo de esperanza

Todavía quedan en la Península Ibérica rincones de alta naturalidad, parajes escondidos y remotos rodeados a su vez de amplias zonas bien conservadas. No faltan, en esta castigada tierra humanizada desde tiempos inmemoriales, lugares que como únicos dueños todavía tienen a los animales, los árboles y el silencio, lugares que han escapado de la avaricia del hombre. Saber que todavía perviven sitios así hace que uno piense que merece la pena el esfuerzo, que cada uno debe poner su granito de arena. Deseemos que de cara al futuro que el número de paraísos como éste se incremente poco a poco.

Feliz y cálido año 2018...

sábado, 2 de diciembre de 2017

Madre soltera al atardecer

En el corzo el parto gemelar es muy frecuente, hasta el 80% de los casos en algunas regiones. Como en otros mamíferos, la probabilidad de parto múltiple es menos probable en las madres primerizas.

En la imagen, hembra de corzo con sus dos crías del año en los campos de La Bodera, Guadalajara.


lunes, 6 de noviembre de 2017

Sobre acuerdos a puerta cerrada (CETA)


Que los políticos viven de generar cortinas de humo y de no resolver conflictos es una realidad que existe desde siglos antes de que existieran los medios de comunicación de masas, porque son estrategias que siempre han servido para engañar a la gente. Vivimos en unos días donde nos enfrentamos a problemas gravísimos que los políticos dejan enrarecerse, de manera que puedan explotarlos electoralmente y que les rente a ellos, a su miríada de parásitos y a sus sucesores. En estos días en que en España vivimos secuestrados por la cansina tramoya catalana, nuestra irresponsable y arrogante clase política nos la ha vuelto a meter doblada aprobando el CETA, el acuerdo de libre comercio entre Canadá y la Unión Europea que no es sino la antesala del TTIP.
Este tipo de tratados, que suenan a sana y libre competencia, consisten en suprimir entre los países firmantes las barreras comerciales, tanto las de tipo arancelario como, y esto es con lo que debemos alzar las orejas, las de tipo no arancelario. Es decir, además de garantizar la concentración de mercado en las multinacionales, arrinconando a los pequeños productores, estos acuerdos buscan restar validez a las normas nacionales sobre la salud, la alimentación o el medio ambiente y, como apuntan diversos estudios, no consisten más que otro paso más para restar soberanía a los estados en favor de las empresas.
En La Vanguardia leemos que "Greenpeace afirma que Canadá tiene estándares de seguridad y etiquetado de alimentos más débil que la Unión Europea y que su agricultura depende más de pesticidas y cultivos modificados genéticamente". Cuando uno bucea un poco, encuentra que en Canadá son legales alimentos que aquí no lo son: salmón clonado, maíz modificado genéticamente, pollo con cloro y cerdo dopado con hormonas de crecimiento. Por otro lado, PACMA afirma que "El tratado supone un impedimento para los países que quieran aumentar sus estándares de bienestar animal", señalando que "...los ya existentes podrían reducirse para mantener precios competitivos". Si bien la Comisión Europea considera todas las críticas infundadas, los ciudadanos debemos permanecer escépticos ante la simple experiencia de tratados anteriores.
El interesado manejo de la realidad a espaldas de los ciudadanos debe mantenernos críticos, sobre todo con este tipo de acuerdos debatidos y firmados a puerta cerrada y aprobados de manera opaca, cuyas consecuencias se envuelven en un calculado secretismo. Con esto del CETA no nos han bombardeado en la radio y la televisión, y únicamente ha sido posible enterarse de ello a través de las redes sociales y periódicos digitales. En España, Congreso y Senado lo han sacado adelante muy deprisa, puede que por temor a la creciente oposición al mismo, que no es otra cosa que temor a que la gente se haga preguntas y exija respuestas. Han pisado el acelerador, pero creo que realmente no era necesario. Estas cosas no enardecen a las masas, no motiva a los patriotas, no abre telenoticias, no reúne sabios contertulios. Son asuntos de interés nacional que nunca harán sacar banderas a los balcones. Parece que hay cosas más importantes por las que preocuparse.

domingo, 29 de octubre de 2017

Restaurando hábitats en el Alcorlo

Siempre me había gustado la panorámica que ofrecían desde la carretera los montes circundantes del pantano del Alcorlo. Montes pelados, sí, pero recubiertos de una densa capa de matorral heliófilo, sobre todo jaras, con algunos chopos y sauces en los vallejos. Pese a tratarse de un paisaje arrasado en tiempos pretéritos, ya fuera por el carboneo, las quemas o el sobrepastoreo, ofrecían una imagen de naturaleza tranquila que podía dar los primeros pasos hacia la recuperación. Eran, además, montes transitados constantemente por liebres, zorros, tejones, gato montés y toda clase de pequeñas aves, y que no escapan del patrullaje aéreo del águila real y del gran duque, además de dar sustento al corzo y ser escenario de la expansión del ciervo en la zona.

Llevaba varios meses sin pasar por la carretera que bordea el embalse y no tuve más remedio que poner las luces de emergencia y apartar el coche en el arcén. Aquel día encontré aquellos montes arrasados en una imagen que me resultó postapocalíptica. Maquinaria pesada había convertido las laderas en una horrible escena de colinas aterrazadas para una plantación, suponía, de pinos. Me encontraba ante una política de montes similar a la de aquel ICONA que tanta guerra dio y que hoy en día, en España, sigue en plena vigencia, ya sea con pinos o con eucaliptos: plantaciones, no bosques, con efectos dramáticos para la biodiversidad desde cualquier punto de vista. El primer paso, blindado legalmente, es la destrucción literal y exhaustiva del entorno para el aterrazado.

Consultado el BOE, el proyecto original consiste en una repoblación supuestamente multiespecífica (coníferas y frondosas) en la que predominan abrumadoramente los pinos plantados en terrazas, acompañados de la consecuente nueva red de pistas, carriles y cortafuegos. Es necesario detenerse en algunos de los efectos negativos evidentes de este sistema, convenientemente señalados y estudiados por varios autores.

Modrago et al. (2005) nos hablan de que las repoblaciones con pinos provocan "un descenso del porcentaje de materia orgánica y un empobrecimiento del complejo de cambio en los suelos de las terrazas, así como un aumento de la acidez de los suelos de las repoblaciones. Aunque estos cambios son tales que, al mismo tiempo, han propiciado la evolución de los suelos hacia condiciones ecológicas similares a las de los suelos de los pinares naturalizados comparables, se considera acertado favorecer, en la medida de lo posible, la obtención de masas multiespecíficas facilitando la instalación de especies mejorantes". Plantaciones multiespecíficas que en España, como sabe cualquiera que salga al campo, no son precisamente un éxito.

Otros autores, analizando los beneficios hidrológicos de estas plantaciones, señalan que se beneficia la escorrentía y la capacidad de la tierra para recoger agua (Martínez de Azagra et al., 2002). Beneficios que también podrían lograrse favoreciendo las especies arbóreas autóctonas (encina, robles, salicáceas), que sin embargo no son rentables económicamente para las sacas de madera, como sí ocurre con los pinos. Estos autores señalan además que "Los problemas se plantean porque la preparación del suelo llevada a cabo afecta a la mayor parte de la superficie de la ladera y remueve gran volumen de tierra. Esto implica, además del notable impacto paisajístico de la nueva topografía del graderío, la eliminación excesiva e injustificada de la vegetación preexistente, la posible formación de tastanas que dificulten la infiltración (al quedar mucho tiempo al desnudo el suelo removido), el riesgo de desplazamiento en masa en época de lluvias, el peligro de erosión hídrica por regueros y formación de cárcavas al concentrarse la escorrentía en determinados puntos, y la interrupción drástica de la evolución edáfica natural". Todos estas posibles consecuencias la he observado personalmente a lo largo de muchos años de campeo en Guadalajara, donde abundan este tipo de repoblaciones o plantaciones. Todo ventajas.

Es incontestable que esta actuación no puede calificarse sino como dramática para la pequeña avifauna que característica del matorral (currucas, mirlos, alcaudones) así como para los mamíferos predadores o las variadas especies de reptiles (lacértidos, culebras) que allí encuentran acomodo y que, a duras penas, habrán podido escapar de la maquinaria y la destrucción de las laderas. La zona es susceptible también de albergar Erica cinerea y otras especies vegetales protegidas y que, de momento, no sabemos si se han visto afectadas por la intervención.

Es destacable lo que el BOE referido a este "Proyecto de Restauración hidrológico-forestal en la cuenca del embalse del Alcorlo" dice sobre el impacto en la fauna: "Con respecto a la fauna, el proyecto generará la pérdida temporal de hábitats y de zonas de cría y alimentación, pero con el paso del tiempo se verán favorecidas por la masa forestal resultante de la repoblación". Me pregunto cuántas décadas son necesarias para que toda la fauna expulsada del lugar pueda asentarse en una repoblación que será mayoritariamente una plantación de pinos. Eso de "temporal", que suena a unos meses, en realidad son varias décadas. Y cuando ese tiempo pase tendrán que adaptarse a vivir en una plantación artificial, nula en biodiversidad en comparación con la vegetación natural de la zona que hubiera podido y debido recuperarse.

Para terminar, las imágenes valen más que mil palabras. Ilustran en todo su esplendor eso de "impacto paisajístico":