jueves, 28 de noviembre de 2019

La retirada de indicios de lobo


Comparto artículo que hemos publicado en la web del Observatorio del Lobo.

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LA RETIRADA DE INDICIOS DE LOBO

EL OBSERVATORIO DEL LOBO HA OBSERVADO DE MANERA RECURRENTE LA RETIRADA DE INDICIOS DE LOBO EN EL SISTEMA CENTRAL


La retirada de los indicios (excrementos) que los lobos depositan en sus territorios es una práctica frecuente en todo el ámbito del Sistema Central, como hemos podido constatar en el Observatorio del Estado de Conservación del Lobo (OECL) a lo largo de diez años de estudio de la especie en este límite de su área de distribución en España.  Esta actitud, cuya perturbación de la etología del lobo debería ser tenida en cuenta, puede tener diversas motivaciones: simple coleccionismo, obtención de material para los cada vez más frecuentes talleres y cursos de rastreo, realización de estudios de ecología trófica o genética, etc., además de otras pretensiones más cándidas, como tratar de ocultar la presencia de los lobos. Tampoco podemos olvidar la siempre presente competencia desleal, intentando dificultar el trabajo a otros investigadores. Ante esta realidad que observamos cada año, nos encontramos con que la retirada de indicios de lobo ha sido descrita en numerosos trabajos como una práctica invasiva que perjudica el comportamiento natural de la especie.

El marcaje territorial en el lobo cumple una importante función en la comunicación intraespecífica, tanto en una manada residente como con las manadas vecinas (1,2), siendo un mecanismo fundamental que emplean los lobos para delimitar sus áreas de campeo, especialmente durante la época de reproducción. Por ello, Barja (3) propone que para los análisis no es necesario recolectar toda la muestra, de manera que no se interfiera en el comportamiento señalizador del lobo. Grande del Brío califica la retirada completa de indicios como una práctica nefasta y sugiere que debe estar supeditada al conocimiento de las características del territorio, de la composición de los distintos grupos y de la estación del año (4). Este autor sostiene que la retirada de estas señales produce diversas alteraciones en el comportamiento del lobo, como cambios de tipo cinético (penetración de unos grupos en territorio de otros) o inversión (mayor densidad de marcaje fuera de las zonas de cría que en estas), lo cual es un patrón antinatural, dado que la densidad de indicios de lobo en una determinada unidad espacial es proporcional a la importancia de la misma.

Si bien el hombre es una fuente constante de molestias para el lobo, investigadores o amantes de la especie deberían ser la menor de ellas. Pero, pese a la evidencia científica, hemos documentado que estas prácticas se producen repetidamente en todas las zonas ocupadas por el lobo en el Sistema Central (Ávila, Segovia, Madrid y Guadalajara). Como hemos visto, para la toma de muestras durante la realización de estudios no es necesario retirar los indicios completos; por otra parte, la pretensión de proteger al lobo debe ser una cuestión tanto de concienciación social como de vigilancia, no basada en gestos ingenuos como eliminar el marcaje territorial. Debemos señalar que cualquier persona interesada en la conservación del lobo o en profundizar en su conocimiento debería trabajar creando las menores interferencias posibles en el comportamiento natural de la especie, siguiendo criterios profesionales y sin perder de vista un código ético que, lamentablemente, cada vez parece importar menos.

Clara Flores
Abraham Prieto
OBSERVATORIO DEL ESTADO DE CONSERVACIÓN DEL LOBO (OECL)


REFERENCIAS

(1) PETERS & MECH (1975) Scent-marking in wolves. American scientist, 63:628-637.
(2) ROTHMAN R.J. & MECH L.D. (1979) Scent marking in lone wolves and newly formed pairs. Animal Behaviour, 27:750-760.
(3) Barja I. & Corona E. (2007) El análisis de excretas desde la etología y la arqueozoología. El caso del lobo ibérico. Human and faunal relationships reviewed: an arqueozoological approach. BAR International Series 1627.
(4) GRANDE DEL BRÍO, R. (2001) El lobo ibérico. Biología, ecología y comportamiento. Amarú Ediciones.

domingo, 17 de noviembre de 2019

Ignorantes por voluntad

Hace un par de semanas, tomaba algo en la terraza de la cafetería de una facultad de Alcalá. En la mesa de al lado, un grupo de cuatro universitarias estaba jugando a una de esas aplicaciones tipo Trivial, consistente en contestar sucesivas preguntas de cultura general sobre temas diversos, como historia, sociedad, naturaleza o deportes. Las respuestas que daban, entre carcajadas, felices de su bajo nivel de conocimientos generales, helaban la sangre. Entre muchas otras cosas que no recuerdo, me sorprendió que las chicas (universitarias, repito, y no de primer año) no sabían quiénes eran Carlos II ni Fernando VII, desconocían en qué años transcurrió la II Guerra Mundial o qué tipo de animal es una comadreja. En situaciones tan cotidianas como aquélla no es raro llevarse alguna bofetada de realidad, muestras en crudo, sin vaselina, de la crisis de cultura y lectura en que estamos inmersos, y cuyas consecuencias pagaremos todos. Porque, pese a que algunos no lo entiendan, la cultura no consiste en conocer fechas o las vidas de tipos aburridos que vivieron hace siglos, sino en tener una visión crítica e imparcial de las cosas y entender en qué mundo vives. Para que no hagan contigo lo que les da la gana.

A colación de la árida incultura de aquellas cuatro universitarias, porque incultura histórica y opinión política son vasos comunicantes, poco después me encontré una crítica, en formato meme, del programa del nuevo partido de ultraderecha español (esos tipos tan machos que siempre aprovechan cualquier excusa para reaparecer). La viñeta no estaba hecha por ningún intelectual, sino por algún chaval rojillo de esos que son ignorantes por voluntad propia. Uno de los puntos criticados de aquel programa político era, precisamente, uno de los pocos que ese partido tiene con algo de cordura. Decía algo tipo "reconocimiento de la aportación de España a la humanidad". Parece que según algunos eso es fascista, y en lógica consecuencia, aparecía al lado la caricatura de un conquistador español diciendo "todavía me pica la picha sólo de pensarlo". La historia de uno de los países más viejos del mundo, reducida a zumbarse indias, se supone que contra su voluntad. Estas cosas primero me calientan la sangre, aunque después me invade una resignada tristeza. Hablando en plata, ¿se puede ser más tonto? ¿Qué se está haciendo mal? Ese el nivel crítico y de perspectiva histórica de los jóvenes politizados de izquierda, y seguramente de muchos que no lo son, ni jóvenes ni de izquierda.

Así que quiero dedicarle este articulo al sublime pensador que hizo aquel meme. Mira. Dudo mucho que alguna vez leas esto, porque más de cuatro palabras seguidas que no sean un panfleto político para perpetuar tu tontería seguramente se te atraganten. Veo que para ti, en todos los siglos de historia de España, lo único que hicieron nuestros -nuestros- abuelos fue abusar de indiecitas inocentes que vivían felices fumando hierba y bebiendo calimocho en el paraíso terrenal. Y sé que eso no va a cambiar, porque los bobos por elección sois incorregibles. Pero te voy a enumerar algunas minucias que podrían entrar en esa cosa fascistoide del "reconocimiento de la aportación de España a la humanidad". Atiende. España ha creado fuera de sus fronteras cincuenta y dos conjuntos culturales considerados Patrimonio de la Humanidad, bastantes más que ningún otro país del mundo y, contando los que tenemos aquí, suman noventa y tres. España fundó setecientas ciudades en América, sólo al siglo de llegar. Veintisiete universidades. Dieciocho colegios de educación superior. Cuarenta y una catedrales. Incontables iglesias y hospitales. Realizó sesenta y tres expediciones científicas, sólo durante la Ilustración. Fue pionera en cosas como la fundación de la Academia de Ciencias y Matemáticas o  del primer centro psiquiátrico. Seguramente no tengas ni puta idea de quiénes fueron Goya, Velázquez, Elcano, Cervantes, Servet, Balmis, Jorge Juan o Celestino Mutis, o qué fue la Casa de Contratación de Sevilla. No tendrás ni idea de quiénes fueron ni qué hicieron todos aquellos fachas. Seguro que no. Pero por favor, si eres analfabeto por voluntad propia, haz el favor de no intentar contagiarlo a los demás. Quédatelo para ti.


jueves, 7 de noviembre de 2019

Números para matar lobos

Comparto el artículo que desde el Observatorio del Estado de Conservación del Lobo (OECL) hemos redactado en referencia a las últimas decisiones de la Junta de Castilla y León con respecto al lobo.

Enlace https://observatoriolobo.com/numeros-para-matar-lobos/

NÚMEROS PARA MATAR LOBOS

  • La Junta de Castilla y León ignora las disposiciones europeas y continúa con su programa de caza de lobos.
  • Las resoluciones de la Junta se basan en censos discutidos y trabajos americanos no extrapolables a España.
  • El Observatorio del Lobo pone la atención en que el estado de conservación del lobo en esta Comunidad no puede asumir los cupos de caza

En el último Boletín Oficial de la Junta de Castilla y León (23 de octubre de 2019) se ha hecho público el “Plan de aprovechamientos comarcales de lobo” para las próximas tres temporadas, que permitirá matar hasta 339 lobos en dicho período, un total del 30% de la supuesta población de la especie al norte del río Duero, territorio donde el lobo todavía es considerado especie cinegética. Dicha resolución se basa, fundamentalmente, en dos trabajos: el discutido censo regional de la especie realizado en 2012-2013 (¹) y un informe elaborado en la región norteamericana de los Grandes Lagos en 1995 (²), en función del cual se deduce el porcentaje de lobos a cazar. Por lo tanto, tenemos que asumir que hoy en día la gestión del lobo en España se realiza únicamente por su siniestro valor como pieza de caza, justificándose mediante censos discutidos y desactualizados y trabajos extranjeros que no son válidos para la población ibérica.
Desde su aparición, el Censo Regional del lobo en Castilla y León ha sido un documento constantemente criticado por científicos, conservacionistas y sociedad civil, ya que se suele considerar que está sujeto a una severa incertidumbre metodológica (³) y que, como sucede en España con todo informe elaborado por las propias administraciones, propone unas estimas poblacionales sobredimensionadas, que no se basan en observaciones fiables, pero que sirven para amparar una gestión del lobo basada en controles letales y aprovechamiento cinegético. Uno de los aspectos que mejor evidencian esta falta de solidez es que Castilla y león considera que cada manada está compuesta por 9 individuos, lo cual choca frontalmente con observaciones autorizadas e independientes (⁴,⁵) que asumen entre 3-4.5 individuos por manada en la Península Ibérica, similares a otras poblaciones europeas que tampoco alcanzan de ninguna manera tamaños de grupo tan elevados.
Por otro lado, en el último BOCYL se justifica la citada extracción del 30% de la población a partir del mencionado estudio norteamericano de T.K. Fuller, en el cual se sugiere que un 35% de mortalidad puede suponer una regresión poblacional de la especie. Ahora bien, la mortalidad real en el lobo es una variable que nunca ha sido tenida en cuenta ni para las estimas poblacionales ni para las decisiones sobre su gestión o aprovechamiento (⁶) y, cuando se hace, se trata de un mero trámite documental para maquillar decisiones ya tomadas de antemano, como revela el testimonial análisis de esta variable en la citada Resolución, que sólo aprecia “mortalidad significativa” en una única “comarca lobera” en todo el contexto castellanoleonés.
De la misma manera, el contexto ecológico en que fue elaborado dicho estudio no es extrapolable a la Península Ibérica, donde el lobo vive en entornos más humanizados, está sometido a variables distintas y debe asumir una mayor mortalidad no natural. Resulta evidente que en la “gestión” del lobo la mortalidad real y no natural de la especie es una realidad incómoda y su tratamiento es una prueba evidente del poco interés que tienen las administraciones públicas por mantener un estado de conservación favorable, que permita al lobo recuperar sus territorios históricos, como obliga la Directiva Hábitats. Debemos señalar que el cupo de lobos previsto ha bajado de 143 a 128 anuales, con lo cual se admite el descenso poblacional, además de eliminarse las extracciones (permisos de caza) en aquellos territorios donde ya han matado a todos los lobos (Soria y Este de Burgos) o donde la presencia se ha reducido dramáticamente (Páramo, Esla-Campos y Sahagún de León, Cerrato y Campos en Palencia y Campos-Pan en Zamora). En todas estas zonas, irónicamente, la Junta no aprecia “mortalidad significativa”.
A este respecto, queremos comentar el caso de la provincia de Zamora, territorio emblemático para el lobo ibérico. Para el período 2019-2021 se prevé la caza de 87 lobos en Zamora, 29 por temporada. Si bien para cualquiera que conozca un poco la biología de esta especie y, a la vez, no esté a sueldo de nadie que decida matar lobos, esta cifra no es asumible para mantener un estado de conservación favorable, hay que tener en cuenta los antecedentes más recientes del lobo en esta provincia. Según datos publicados por la propia Junta (⁷), en el período 2010-2016 se declararon 222 lobos muertos en Zamora: 42 lobos atropellados, 3 abatidos por furtivos y 177 abatidos por cazadores.
Si bien estos datos oficiales evidencian que los cupos de caza son inasumibles de por sí, debemos considerarlos inferiores a los reales: a los 42 lobos atropellados en dicho período debe añadirse un elevado porcentaje de atropellos que no se declaran, debiendo aclarar que la cifra de atropellos no se sustrae de los cupos de caza y que, por sí sola, significa un grave revés para la salud de la población. Sobre el dato de muertes por furtivismo, resulta ridículo de por sí (3 ejemplares en seis años). Teniendo en cuenta que una de las justificaciones esgrimidas por el gobierno regional para desarrollar su programa de caza de lobos era paliar el furtivismo, los 177 abatidos legalmente en seis años y en una única provincia evidencian que la gestión del lobo se realiza a la carta según los intereses económicos del sector cinegético, que es quien marca las directrices en el trato que las administraciones dan al lobo, y no el propio marco legal europeo o el estado de conservación real de la especie.
En conclusión, desde el Observatorio del Estado de Conservación del Lobo (OECL) queremos transmitir que la propia biología del lobo como depredador apical hace imposible la existencia de una densidad de población que haga necesario el control de la especie. Pese a ello, la gestión pseudocientífica del lobo en España se basa en el control letal y la extracción cinegética, un tipo de gestión que no es válida ni necesaria como mecanismo de control del lobo ni de su incidencia sobre el ganado doméstico, como vienen demostrando constantemente innumerables trabajos (⁸). Se trata de métodos que desestabilizan los grupos familiares y su comportamiento natural, que anulan la expansión de la población y la recolonización de sus antiguos territorios y que comprometen gravemente la viabilidad genética de la especie.
Finalmente, debemos llamar la atención de la sociedad sobre la responsabilidad moral que tienen todos aquellos biólogos, técnicos y agentes medioambientales con cuyo trabajo se sustentan estas decisiones que comprometen gravemente el estado de conservación del lobo en España.
Observatorio del Lobo-Área de Publicaciones
Abraham Prieto
José Antonio de la Fuente
Antonio Luengo
Andrés Alonso
REFERENCIAS
(1) SÁENZ DE BURUAGA M., CANALES F., CAMPOS M.A., NORIEGA A., MUÑOZ F. & NAVAMUEL N. (2015). Censo regional de lobo (Canis lupus) en Castilla y León. Consultora de Recursos Naturales, S.L. para censo nacional de lobo ibérico. Consejería de Fomento y Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León y Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (TRAGSATEC)
(2) FULLER, T.K. (1995). Guidelines for gray wolf management in the northern Great Lakes region. International Wolf Center, Technical Publication 271: 1-19.
(3) ECHEGARAY, J. (2014). Censos de lobos en España. Revista El Ecologista nº83.
(4) FERNÁNDEZ GIL, A. (2014). Osos y Lobos, comportamiento y conservación de los grandes carnívoros en la Cordillera Cantábrica. Calecha, 149 pp.
(5) PRIETO A., GONZÁLEZ V., BARRIOS L. &. PALACIOS F. (2019) Pack size effects on Iberian Wolf demographics. Informe en preparación.
(6) Falsos paraísos del lobo: Zamora (https://tercerainformacion.es/opinion/opinion/2017/07/25/los-falsos-paraisos-dellobo-zamora)
(7) Boletín Oficial de las Cortes de Castilla y León (BOCCL-09-017872, Número 286, de 12 de junio de 2017, PE/004845-03/9, páginas 35.178-35.185)
(8) QUEVEDO M., ECHEGARAY J., FERNÁNDEZ-GIL A., LEONARD J.A., NAVES J., ORDIZ A., REVILLA E. & VILÁ, C. (2018). Lethal management may hinder population recovery in Iberian wolves. Biodiversity and Conservation, 1-18.

sábado, 2 de noviembre de 2019

Regreso a la Montaña Palentina

Todos tenemos espacios o comarcas a las que queremos con un cariño especial. Más allá de su propio interés o belleza, entra en juego la propia percepción personal, aquello de la topofilia o amor por esos sitios. Personalmente, tengo reservado a la Montaña Palentina o Macizo de Fuentes Carrionas un pequeño lugar en el corazón. Fue una de las primeras zonas a las que me dirigí cuando pude empezar a hacer escapadas naturalistas por España, y me trae tanto el recuerdo de la aventura en solitario como el deseo de repetir el viaje siempre que puedo. En estas montañas vi mi primer lobo, tuve después con ellos encuentros cercanos y seguí por primera vez huellas de osos. En la Montaña Palentina vi también muchos rebecos, impresionantes rebaños de ciervos y tritones alpinos. He pasado muchas noches solitarias en chozos y refugios, frente a un cálido fuego de haya, roble y escoba. Me he perdido por enormes hayedos cuya belleza supera toda descripción y cuya alfombra dorada de hojas caídas me llegaba por las rodillas. He encontrado tejedas escondidas en valles oscuros y he subido a sus tremendas cumbres desnudas, parecidas a lejanas montañas asiáticas, en soleados días del otoño cantábrico.

Después de tres largos años sin encontrar el momento -o por tener otras prioridades- de escaparme de nuevo a la Montaña Palentina, al fin pude sacar un par de días para pasar en sus campos. Las jornadas fueron templadas y agradables. Me alojé en la Posada Fuentes Carrionas de Camasobres, un agradable hotel de montaña en la carretera de Potes, en el que podía quedarme con mi perro. Después de acomodarme conduje hasta el cercano mirador de Piedrasluengas, colgado sobre un enorme hayedo rojo. Al fondo, los Picos de Europa cerraban el horizonte como una gran muralla azul. Cené ligero. Al día siguiente tocaba madrugar.

Pasamos el primer día por montaña, en un recorrido por cuerdas y faldas con amplias vistas. Los hayedos que se extendían abajo, hacia los valles y los pueblos, estaban en su punto álgido. El camino que seguimos cruzaba algunos límites altitudinales de hayas, donde éstas aparecían muy mezcladas con mostajos (Sorbus aria), serbales (Surbus aucuparia) y olmos de montaña (Ulmus glabra). Encontré algunos maíllos (Malus sylvestris) que habían dejado el suelo sembrado de de manzanas, algo ácidas pero que se dejaban comer. Supongo que son del gusto de los osos, pero en el entorno de estos manzanos silvestres no encontré ninguna huella.






Ha sido uno de los viajes a la Montaña Palentina en que menos animales he podido ver. Apenas me encontré ciervos, no atisbé rebecos ni jabalíes, y los únicos depredadores que se dejaron ver fueron un par de zorros, ratoneros y el águila real. Un atardecer levanté un par de bandos de perdices pardillas, cuyo despegue es menos explosivo y más discreto que el de la perdiz roja. Por las noches, cuando sacaba al perro por la carretera de Camasobres antes de dormir, rescaté un par de ranas patilargas (Rana iberica) del asfalto y me lamenté por cuatro o cinco jóvenes Natrix astreptophora atropelladas en unos pocos metros. Cuando caía la tarde me acercaba a los regatos en busca de salamandras pero, como siempre me ha ocurrido con este animal, parecían rehuirme. 




El segundo día dejé la montaña y decidí pasar un día más tranquilo en los bosques. Escogí para ello el primer monte que visité cuando vine por primera vez a la Montaña Palentina hace varios años, al norte del Macizo. Salí de un pequeño pueblo y en poco más de media hora subía por un fantástico bosque mixto caducifolio (Fagus sylvatica, Quercus petraea, Betula pubescens, Sorbus spp., etc) a través de un carril sembrado de huellas y excrementos de lobo, llenos de pelo y huesos, con una densidad propia de manada reproductora y con un buen tamaño de grupo. Después de años dedicado al lobo y conociendo de antemano aquel monte, con el dedo sobre el mapa casi podía interpretar lo que hacían. Esos lobos no podrían haber escogido mejor lugar para asentarse, pues parece que en la zona no se puede cazar por la presencia del oso pardo. Pensando tanto en los lobos como en el tremendo silencio y belleza de aquel bosque, remontamos el solitario camino.




Uno de los ramales del sendero terminaba en una agradable cabaña, limpia, ordenada y bien mantenida, con su chimenea e incluso algo de menaje, eso sí, comido de porquería. Había estado en ella siete años atrás y me la encontré igual, como si allí no hubiera pasado el tiempo, como si algún poder mantuviera sin mácula aquel pequeño y privilegiado rincón del mundo. Alta en el monte, la caseta miraba hacia las alturas calizas al este de Fuentes Carrionas. Era mediodía, la jornada anterior habíamos tenido caminata de sobra y decidí terminar ahí el recorrido. Me apetecía, sencillamente, tumbarme al sol y leer. Descansaríamos sin prisas y, cuando me aburriera de la paz de aquel lugar, simplemente volveríamos a coger el camino y descenderíamos hasta el pueblo. 

Mi podenco mestizo agradeció el gesto pues, a pesar de su juventud, es un tipo tranquilo al que le encanta dormir y descansar tumbado al sol casi tanto como salir a andar. Preparé el almuerzo -pasta boloñesa con atún- en el interior del refugio y comí fuera, tumbado en el césped natural con la espalda apoyada en uno de los bancos, unos simples maderos tendidos en estado de pudrición, aunque secos. Las nubes corrían rápidas: cuando tapaban el sol tenía frío, y cuando se despejaba tenía calor. El silencio era misterioso, únicamente roto por la alharaca de las hojas cuando soplaba el viento. Después de la comida me hice un té y leí tranquilo Kursk 1943, La batalla decisiva, mientras el perro miraba curioso un par de lagartijas roqueras que se soleaban junto a nosotros. Es capaz de pasar horas quieto como una estatua mirando algo que se haya movido.



A media tarde, sin prisas y con total tranquilidad, retomé los caminos y volvimos hacia el pueblo punto de partida, haciendo un recorrido circular por aquel bosque de cuento que, pese a no ocupar más de mil setecientas hectáreas, me dio la impresión de que es uno de esos parajes que te puede llevar toda una vida llegar a conocer. La última noche nos alojamos en el Parador de Cervera como merecido descanso, pues pese al largo reposo en aquel refugio nos habíamos hecho casi cuarenta kilómetros de cuestas y montaña en aquellos dos placenteros y ya cortos días. Muchos pasos dados entre hayas y robles, entre faldas y picos calizos y sobre pueblos minúsculos, ahora confín de Castilla, que olían a humo de leña. Aquel regreso a la Montaña Palentina había colmado, como esperaba, todas mis expectativas demostrándome, como siempre hace la Naturaleza, lo bella que es la vida. Regalándome desinteresada una pequeña parte de la enorme cantidad de tesoros que todavía nos quedan.


jueves, 17 de octubre de 2019

Día de la Sierra de Guadalajara

Queridos amigos, este sábado 19 de octubre estaré firmando libros en el XII día de la Sierra de Guadalajara, que se celebrará en la localidad de Condemios de Arriba. Por la mañana estaré firmando libros en el puesto de la Asociación Cultural Serranía de Guadalajara, a quienes tengo que agradecer el apoyo.



jueves, 10 de octubre de 2019

El ecologismo es de buena educación

Como doctrina filosófica, el determinismo nos dice que todo fenómeno o acontecimiento está prefijado, determinado previamente. Que el azar no existe. Me pregunto si es aplicable al hombre, si cosas como la mala educación vienen determinadas por la formación cultural, por algún gen maligno o son una respuesta defensiva. Las personas somos seres complejos pero, al final, puedes detectar rápidamente lo que te espera en función de las primeras impresiones o de pequeñas actitudes involuntarias: el fijarse en cómo saluda una persona, cómo mira a su alrededor, cómo te escucha cuando hablas o cómo se dirige a los camareros dice mucho de ella. En realidad somos como un libro abierto. Y viéndolo así, llevo unos años observando cómo las personas que son opuestas al ecologismo, los negacionistas con el calentamiento global y aquellos siempre amigos de defender todo lo que sea agresivo con la naturaleza o los animales tienden a ser, como norma general, gente maleducada. No hablo de arquetipos como el cazador chulo, el malvado que no recicla ni nada de eso; desde luego, tampoco puede decirse que todos los vegetarianos o todos los que reciclan destaquen luego por su urbanidad y buena educación. Hay de todo pero, con los años, veo tendencias más que evidentes. En ese colectivo antieco negacionista hay prepotencia, suficiencia y chulería para dar y tomar. Mucha mala educación.

Demasiado a menudo me encuentro personas que me preguntan porqué apago la luz y los ordenadores cuando salgo de la oficina, que no entienden porqué he reducido mi consumo de carne al mínimo o porqué voy caminando a los sitios en lugar de ir en coche. Hoy en día, con el inmediato acceso a la información que tenemos y los constantes avisos sobre la crisis climática, me parecen cosas evidentes que hay que hacer, pero resulta que no lo son. No todos creen que hacer eso sean pequeñas buenas acciones que pueden hacer de este desgraciado planeta un mundo mejor, sino que son tonterías para crédulos. Creo que esas pequeñas cosas son simplemente gestos de buena educación, tanto para con mis conciudadanos como para con mi entorno. Gestos de urbanidad, equiparables a dar los buenos días o decirle por favor y gracias al camarero cuando te atiende. Por eso, cada vez que juzgan o preguntan para qué reciclo o porqué he reducido mi consumo de carne, ya siempre respondo lo mismo: es sólo una cuestión de buena educación.


miércoles, 25 de septiembre de 2019

Querer a los perros

Hace un rato, estaban comentando en la radio los resultados de un estudio sobre la relación entre dueños y animales de compañía. Entre otros detalles, hablaban de que más de la mitad de los encuestados españoles manifiesta preferir a sus mascotas frente a las personas. También enumeran algunas cosas, tal vez excesivas, que los dueños hacen o estarían dispuestos a hacer por sus animales. Cada vez que salen publicaciones de este tipo, de modesta polémica humanista subyacente y tendente a generar valoraciones personales, atiendo más a los comentarios que generan antes que a los resultados del estudio en sí. Porque hay gente a la que no le gustan los perros; me provoca cierta curiosidad conocer las opiniones sobre los perros que tienen las personas que no tienen ni han tenido uno. Hay por ahí mucho sabihondo que mira por encima del hombro a los que tienen sensibilidades de las que ellos carecen, lo que es un rasgo humano a tener en cuenta. Esta vez, cuando han explicado lo de la encuesta en la radio, la pareja de periodistas ha suspirado sonoramente, supongo que negando con la cabeza, dando a entender que estamos locos, que en qué estaremos pensando anteponiendo a los animales a las personas, que algunos se están volviendo idiotas con los puñeteros chuchos. 

Creo que el fondo del asunto no trata sobre los perros en sí, sino sobre las personas. Ni el uso de razón ni el hecho de andar sobre dos patas nos hacen ser mejores. En cambio, los perros carecen de todas esas faltas humanas que hacen de muchos de nosotros seres sencillamente despreciables. Ellos no conocen el rencor. No saben lo que es la envidia, no saben qué es eso de despreciar a otro porque le vayan bien las cosas o sea bueno en algo. Tampoco hablan mal de nadie a sus espaldas. Los perros no saben lo que es ser un trepa, un traidor, un falso, un acomplejado, un hipócrita, un engreído, un tacaño, un resentido, un egoísta ni un advenedizo. No son nada de eso, no pueden serlo. Nunca te vas a encontrar en un perro ninguna de esas características tan propias del género humano. Ninguna de esas detestables formas de ser que hay que soportar por ahí todos los días. En los perros encuentras nobleza, hallas una bondad sincera y sencilla. Por eso, muchos preferimos sin dudar a nuestros perros antes que la mayoría de las personas. Por supuesto que sí.

En memoria de Baker. Marzo 2002- junio 2019.