martes, 11 de junio de 2019

Aves por Islandia

Fulmar (Fulmarus glacialis)
Como muchos otros, crecí como naturalista acunado -o acunando- por el libro guía Aves de Europa con el Norte de África y Próximo Oriente, de Lars Jonsson (Omega), obra de referencia y libro de cabecera de todo amante de las aves que se precie. Dicha guía incluye casi setecientas especies de aves del ámbito europeo, acompañadas de una detallada descripción de su distribución geográfica, comportamiento, cantos y cualquier particularidad que las caracterice. Recuerdo que de niño repasaba una y otra vez sus casi tres mil ilustraciones, fantaseando sobre cómo serían realmente esas especies aladas en la realidad, dado que entonces el acceso a la red no existía. Entre todas las aves, me llamaban especialmente la atención las especies más septentrionales, aves marinas, limícolas y anátidas boreales, que me parecían a la vez tan remotas como atractivas: alcas, araos, vuelvepiedras, eíderes, colimbos...

Hace tres años viajé a Islandia y pude cumplir aquellos sueños de niño al ver en directo a esos colimbos, págalos y frailecillos que tan exóticos y fantásticos me resultaban. Sin nada de birdwatching colectivo, hides ni viajes preparados, simplemente dedicado a vagabundear en furgoneta por toda la isla, los avistamientos de una infinita variedad de aves marítimas y boreales fue tal vez lo más emocionante de aquel viaje al norte volcánico.

He podido regresar a Islandia en un segundo viaje dedicado en exclusiva al norte de la isla, de la península de Snaefellsnes a Húsavik. Apenas una semana de junio, de bastante frío y muchísimo viento, de muchos kilómetros solitarios en furgoneta y poco descanso. Además del placer de viajar, como era de esperar los plumíferos no me han decepcionado, encontrando un montón de especies nuevas.

El muy abundante zorzal alirrojo (Turdus iliacus)
Limícolas de costa e interior

Islandia está plagada de pequeñas zancudas, aves limícolas como zarapitos, archibebes o falaropos. Prácticamente en cualquier lugar, excepto en los áridos campos de lava, pueden observarse limícolas a cualquier hora del día, tanto en el campo como entre las calles de los pueblos. Casi puede decirse que forman parte de la estética del país, de las costas, puertos, playas y prados. La primera vez que escuché en este segundo viaje el fantasmal canto de vuelo del zarapito trinador (Numenius phaeopus) se me puso la piel de gallina, ya que su sonido era el recuerdo más intenso y evocador que recordaba de mi primer viaje:


Invernante en España, en la isla es fácil observar a la agachadiza común (Gallinago gallinago). Éste ejemplar en particular formaba parte de una pequeña colonia en prado costero en la zona de Bréidavik, en los Fiordos del Oeste:


Dentro de la familia de las agujas destaca por su belleza la aguja colipinta (Limosa lapponica). Este bonito macho estaba anillado.


Entre las limícolas más comunes se encuentran el inconfundible ostrero (Haematopus ostralegus) y el archibebe común (Tringa totanus), habituales en pueblos y puertos. Se trata también de dos de las especies de aves más confiadas de la isla, supongo que debido a los siglos de convivencia pacífica con los hombres, dado que la práctica totalidad de los asentamientos en Islandia son costeros.



Cuando uno se sienta en cualquier playa islandesa a descansar o contemplar el mar, repara enseguida en el movimiento constante de pequeñas formas redondas entre las piedras. Se trata de los coquetos correlimos, principalmente correlimos común (Calidris alpina), de bonitas tonalidades doradas, y correlimos oscuro (Calidris maritima), este último indistinguible de las rocas volcánicas húmedas si queda quieto en la orilla:



Dentro de esta categoría voy a considerar a otra especie muy abundante en Islandia, observable tanto en las regiones más remotas como entre las mismas calles de Reykiavík o Akureyri, el chorlito dorado (Pluvialis apricaria). Esta especie está considerada como de "buen agüero", ya que su llegada anuncia la llegada de la primavera.


Anátidas

Las anátidas (patos, zampullines, cisnes, ánades) son tal vez la otra gran familia de aves más común de la isla, igualmente fáciles de observar. La especie más abundante, con gran diferencia, es el eider (Somateria mollisima), gran pato marítimo de exótico aspecto, como todos con un dimorfismo sexual muy marcado. Suelen verse en grupos de diez a veinte ejemplares:




En unas lagunas someras pegadas a una carretera avisté un hermoso ejemplar de tarro blanco (Tadorna tadorna). El bulto rojo del pico indica que se trata de un macho. Parece ser que la observación fue toda una rareza, ya que esta especie es una colonizadora muy reciente de Islandia y ni siquiera aparece en la mayoría de mapas de distribución que he consultado:


El ave de mayor tamaño de Islandia es el cisne cantor (Cygnus cygnus), que alcanza los 160 cm de largo y los 240 cm de envergadura. Podría pensarse que carece de enemigos naturales, pero se dice que dos o tres págalos grandes actuando juntos pueden derribar cisnes. Pese a la familiaridad cultural que podemos tener con los cisnes, lo cierto es que el cisne cantor desprende un gran primitivismo, un aspecto ancestral, primigenio, cuando se le ve en remotos paisajes:



Había leído sobre las maravillas del entorno del lago Myvatn, el "lago de los mosquitos", una región volcánica inundada y de intensa actividad geotérmica. En mi anterior viaje había estado de paso y esta vez le di un par de vueltas. No había mosquitos, el entorno no era para tanto y tampoco era excesiva la abundancia de anátidas, pese a que se trata de una especie de meca para ellas. A pesar de ello, tuve suerte y pude observar puntualmente algunas rarezas, sin grandes acumulaciones. De entrada encontré un par de ariscas parejas del elegante porrón islándico (Bucephala islandica), cuyos machos parecen haberse puesto un esmoquin; especie más presente en Norteamérica que en Islandia, a pesar de su nombre:


Mucho más abundante que el islándico era el porrón moñudo (Aythia fuligula), invernante en la Península Ibérica, cuyo macho presenta una característica cresta caída. Esta pareja se dejaba llevar en las orillas del lago Myvatn en busca de plantas acuáticas y pequeños animalillos:


Otra pequeña rareza, el ánade silbón (Anas penelope), pato de dieta vegetal, que al primer vistazo los mesetarios podemos identificar como pato colorado, pero del cual se diferencia fácilmente si reparamos en la frente amarilla que ostenta el macho:


Por la tarde, detuve la furgoneta en un carril, con el maletero dando a una pequeña laguna rodeada de carrizos. La luz de la tarde doraba las espadañas y volvía índigo el azul del agua. Desplegué la pequeña cocina y calenté unas tostas de pan con rosbif, pepinillos y mostaza. Mientras comía y se calentaba el café, aterrizó en la laguna una pareja de serretas medianas (Mergus serrator), bellas aves pescadoras, que deambularon por la laguna sin prestarme ninguna atención. Cuando se marcharon, lo hicieron con su característico reclamo de despegue, un característico "ajrrc, ajrrc, ajrrc":


En una laguna cercana descubrí la presencia de otra especie que no había visto nunca -nada raro dada su distribución, muy septentrional-; era el muy nervioso zampullín cuellirrojo (Podiceps auritus), con su característica cabeza flamígera. Sólo avisté cuatro ejemplares en toda una tarde en el lago. Las largas cejas amarillas le dan cierto aspecto oriental, un aire que comparte con su pariente el somormujo lavanco:


En los acantilados

Como en mi viaje anterior, no pude evitar acercarme -acercarse es un decir- a los acantilados de Látrabjarg, un lugar impresionante que en su día me impresionó profundamente; paraje bien conocido por todo ornitólogo aficionado que viaje a Islandia y que sin duda motiva por sí mismo muchos viajes hasta allí, únicamente para poder ver de cerca frailecillos y otros álcidos. Esta vez el tiempo no acompañó, ya que estaba nublado y soplaba un viento insoportable. Aun así, en dos aproximaciones pude observar a placer varias de las especies que allí habitan. Sobre los puffins, abundan mucho más las alcas (Alca torda) y los araos (Uria aalge). Dicen que Látrabjarg es una de las mayores colonias de aves marinas del mundo. De hecho, más allá de la corta sección del acantilado que se puede visitar normalmente, y en la que ya se pueden observar colonias de miles de ejemplares, el farallón se extiende varios kilómetros:



Aunque alcas y araos forman colonias espectaculares que merecen de por sí la visita, sin duda la estrella de estos acantilados es el frailecillo (Fratercula artica, "el hermano del ártico"), puffin en inglés y lundi en islandés. A mucha gente que no los ha visto les resulta extraño saber que su tamaño es poco mayor que el de una paloma torcaz. Es durante el verano cuando muestra su estampa más conocida, con las placas del pico muy coloridas, propias de la estación de cría:


En Látrabjarg pueden observarse también proceláridos como el fulmar (Fulmarus glacialis), ave muy distinta de las gaviotas que tiene una característica "trompeta" sobre el pico, así como láridos poco habituales, como la gaviota tridáctila (Rissa tridactyla):



Una conclusión boreal

Pese a ser geógrafo, para mí Islandia es la "Isla de las aves", más que un sobrecogedor escenario vivo de geomorfología y vulcanismo. Tener además la oportunidad de viajar a este país dos veces, poder repetir experiencias y vivir otras nuevas, es un gran privilegio por el que, tanto como viajero como naturalista, me siento muy agradecido.

Como colofón a este pequeño reportaje, no puedo hacer otra cosa que colgar la fotografía de una de las aves que más ilusión me hizo observar: la perdiz nival (Lagopus mutus). Serían más de las once de la noche, el animal estaba muy tranquilo, bastante cerca, casi posando para mí bajo la luz inigualable del sol de medianoche. El macho de esta especie tiene hasta cuatro cambios de plumaje anuales; en la imagen se ve el típico plumaje críptico de primavera y otoño, que trata de imitar el dibujo que hace la nieve escasa entre la vegetación y que me parece verdaderamente prodigioso, una maravilla de la evolución. ¿Cómo viajar y no prestar atención ante estas asombrosas escenas de la naturaleza?


**Todas las fotos de este reportaje, como todas las de esta página desde sus inicios, han sido tomadas a animales en libertad según los he ido encontrando, al paso y a mano alzada, sin condiciones controladas, hides, cebos, ejemplares habituados o guías.**

Jornada Lobo-Cabra montés

Este viernes 14 de junio, a las 17:00 en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, se celebrará una jornada de conferencias en torno a las interacciones entre el lobo ibérico y la cabra montés en el ámbito de la Sierra de Guadarrama y resto del Sistema Central. Se trata de un evento de análisis ecológico de gran importancia dado el asentamiento y expansión de ambas especies en esta cordillera.



domingo, 26 de mayo de 2019

Algunos bichos de mayo

Cada zona pantanosa "saneada" supone el exterminio local de poblaciones de anfibios, según reza la guía Blume (1992) de Reptiles y Anfibios. Después de superar problemas como las grandes desecaciones llevadas a cabo en España a mediados del siglo XX, hoy en día los herpetos afrontan nuevo riesgos para su conservación tanto en el entorno rural como en la naturaleza: desde la modificación de los usos ganaderos que puede afectar a las poblaciones de víboras hasta el descenso dramático de poblaciones de Podarcis a raíz del cambio en los usos constructivos de las casas de pueblo, pasando por la eliminación de los puntos de reproducción de los sapos parteros debido a la remodelación de fuentes, pilones y lavaderos.

El conocimiento de estos problemas puede motivar que la infinitesimal parte de la población preocupada por la conservación de estas especies -con frecuencia ninguneadas incluso en el propio mundo de la conservación- lleve a cabo iniciativas para intentar afrontar estas nuevas amenazas. Pero de eso, hablaré en otra ocasión.

En esta entrada me limitaré a hacer un sencillo reportaje fotográfico sobre algunos de los anfibios y reptiles que me he encontrado este mes de mayo en el entorno del Sistema Central Oriental, tanto muestreándolos como encontrándolos de manera fortuita.

La dura vida del gallipato

Aunque el gallipato (Pleurodeles waltl) tiene fama de depredador, y no es raro encontrarlos en charcas y navajos en la misma actitud que los caimanes, quietos esperando a que pase la presa, lo cierto es que ocupan un lugar intermedio en la cadena trófica y ellos mismos sirven de sustento a otras especies, sobre todo la culebra viperina (Natrix maura). En un navajo entre robledales y pegado a arcillosos campos de labor pude observar la acción predatoria de este oficio sobre un pequeño gallipato, en una escena de crudeza que expresa como pocas la realidad de la naturaleza:




Sapos en la noche

Durante las noches primaverales en que están activos, no es difícil encontrar especies como el sapo corredor o el de espuelas. Sin embargo tienen un pequeño y lejano pariente que lo pone muy difícil, el sapillo moteado (Pelodytes hespericus). Cierta noche de principios de mayo, muestreando charcas estacionales y graveras, pude comprobar la presencia de la especie -cuadrícula nueva- gracias a su rechinante y breve canto. Cantaban varios Pelodytes, aunque sólo pude observar uno de ellos, un machito diminuto, apenas tres centímetros, de color oliva. Lo tenía cantando justo delante y me llevó un buen rato poder verlo:


Como decía, son muchos más sencillos de encontrar el sapo corredor (Bufo calamita) o el sapo de espuelas (Pelobates cultripes). El corredor debe ser con diferencia el más abundante y versátil de los sapos en la Península.



El fascinante sapo de espuelas se delata a sí mismo durante la noche con el brillo de sus grandes globos oculares, que reflejan la luz del frontal como silmarils. Si bien no me distingo por llevar a cabo grandes acciones de rescate de anfibios ni reptiles, el sapo de espuelas es sin duda la especie que más veces he salvado en la carretera. Algunas noches húmedas he apartado del asfalto decenas de ellos, en general ejemplares jóvenes en dispersión.


A veces los animales te encuentran a ti, más que tú a ellos. Siempre hay momentos en que está uno descansando o caminando y el bicho viene directo hacia ti, sin darse cuenta. Me ha ocurrido con seres impresionantes como el lobo, el búho real o el alce, y también con otros mucho más humildes. Una de estas noches, circulando por una pista forestal, venía por el centro de la pista una enorme hembra de sapo común (Bufo spinosus), grande como nunca he visto. Detuve el coche y descendí, y allí seguía con sus andares torpes, directa hacia el vehículo, como esperando que él se apartara primero. Tuve la delicadeza de pedirle por favor que siguiera por el sembrado de cebada:


Centenares de ranas

La rana común (Pelophylax perezi, antes Rana ridibunda) no tiene tal nombre por casualidad. Salonquias colosales de hasta 17 centímetros, han mantenido durante todo mayo una abundante población croante en los terrenos por donde me he movido, anunciando ellas mismas la presencia de charcas y navajos con sus característicos "crrroak" y "cvrrrek".





  
Presa habitual de varias especies, la rana común tampoco escapa de la acción predatoria de la Natrix maura:


Hábitat:


Un par de reptiles

Pocas veces me había fijado en la librea nupcial de las abundantes lagartijas colilargas (Psammodromus algirus). Ocurre como con todo en esta vida, cuando uno procura aprender, profundizar, "especializarse", y después sale al campo -o adonde sea- a poner sus conocimientos en práctica, no gana sino en conocimiento y en el atesorar buenos momentos. La diferencia de coloración en los machos de esta especie, de características escamas carenadas, entre la librea nupcial y la habitual, es de las más llamativas entre los pequeños reptiles ibéricos. Muchas veces tenemos cierto "exotismo" en la puerta de casa, que no sabemos ver:



Para terminar, el recuerdo de un destacable ejemplar de lagarto ocelado (Timon lepidus) haciendo guardia, orgulloso y desafiante, ante las puertas de una taína derruida donde tenía su escondrijo habitual.


Salud y herpetos.

sábado, 11 de mayo de 2019

El lenguaje inclusivo en el ecologismo

No hace demasiado, participé como invitado en una charla sobre conservación que, además de tratar sobre el campo y sus conflictos, se presentaba como guiada por el ecofeminismo. A pesar de que yo no comulgo, por supuesto, con ninguna etiqueta antigua o moderna, y menos aún con las soberanas chorradas por las que tanto nos gusta pelearnos hoy en día, no pude menos que colaborar con una buena amiga y poder expresar una opinión medianamente sólida e independiente sobre lo que me tocaba hablar. La jornada fue amena e interesante, abierta y con variados puntos de vista, todos discutidos con serenidad y educación. Aquello del ecofeminismo no tuvo mucho protagonismo, porque lógicamente no le importaba a nadie, pero hubo que soportar la imposición de un festival inclusivo para todos los sustantivos, adjetivos y artículos que tuvieran la desgracia de padecer el masculino genérico: "los y las", "todos y todas", "amigos y amigas", "ganaderos y ganaderas", "pastores y pastoras"... e incluso un espléndido "lobos y lobas". Quiero pensar que esto último fue un desliz del ponente, y que nadie en su sano juicio se plantea que el genérico para designar a una especie animal sea fruto de la opresión del heteropatriarcado. Pero ahí quedó, lobos y lobas. Podría haber sido peor, que ya sabemos lo que se lleva hoy: lobes, lob@s, lobxs. Para elegir.

Cuando uno mete la cabeza en el mundo de la conservación y el ecologismo -son cosas distintas-, observa enseguida que el ambiente general es de progresismo, de integración, a veces buenista e ingenuo, pero generalmente muy crítico; con una evidente posición mayoritaria de izquierdas que, vista la actitud hostil y meramente extractiva que la derecha española tiene con la naturaleza y el medio ambiente, es perfectamente comprensible. Y me parece bien, lógico y adecuado. Lo que a algunos se nos hace cuesta arriba es tener que tragar constantemente con algunas tonterías como el lenguaje inclusivo, que dentro del rollo ecologista y conservacionista te asalta por todas partes. Y no es cosa de todos, sino de la manipulación torticera del lenguaje por parte de unos pocos. Unos lo usan por quedar bien, otros con un sincero ánimo de visibilizar a la mujer, y otros porque son idiotas. Producen centenares de textos y documentos farragosos, ilegibles, absurdos e incorrectos, porque el femenino debe estar incluido siempre que sea posible, y cuando no también: da igual que sea incorrecto gramaticalmente. Tampoco se dan cuenta de que su mensaje pierde calidad, claridad  e interés.

Con este artículo sólo quiero expresar que, si alguna vez alguien lee algún texto "inclusivo" que se pueda relacionar conmigo de alguna manera, que tenga claro que yo ni seré el autor ni habré tenido nada que ver con su redacción. Porque yo no soy de la RAE, pero me gusta mi idioma, lo respeto, y el lenguaje inclusivo es un maltrato y una terrible falta de aprecio por la cultura. Nuestra cultura no son los toros ni la Semana Santa, nuestra cultura es nuestra lengua. El mayor tesoro que tenemos los españoles y todos los hispanohablantes, nuestro oro, nuestro petróleo, es el castellano. El español. Es cierto que las lenguas las construyen sus hablantes, que evolucionan con el tiempo; pero una cosa es la génesis de un idioma y otra la simple gilipollez. El castellano no puede defenderse por sí mismo: que esta bella y elegante lengua tenga que volverse farragosa e incómoda, sólo por querer ideologizarla, es tan ridículo como penoso e innecesario.

martes, 7 de mayo de 2019

Firma de libros en Guadalajara

Queridos amigos, este domingo 12 de mayo estaré firmando libros en la Feria del Libro de Guadalajara, de 12 a 14 horas, en la caseta de la Librería LUA. 

Un saludo, os espero.



martes, 23 de abril de 2019

Firma de libros abril 2019

Queridos amigos, este fin de semana estaré firmando ejemplares de La sierra distante en dos ferias, Alcalá de Henares y Vallecas. Adjunto los elaborados carteles de diseño contemporáneo que he preparado. Os espero.