martes, 11 de diciembre de 2018

Una gran tarde en Campillo

Queridos amigos, quiero aprovechar esta entrada para agradecer a todos la maravillosa tarde que pasamos el pasado sábado en la presentación de mi novela en Campillo de Ranas.

La verdad es que no esperaba tanta asistencia, ni mucho menos el gran interés que generó el libro al final. Cuando firmé el primero y vi la larga cola, no pudo más que embargarme la emoción. Como escritor, nada es más satisfactorio que ver el interés y el cariño de la gente.

Espero sinceramente que la obra cumpla las expectativas de los que habéis querido hacerle un hueco en vuestra biblioteca.

Muchas gracias a todos, con especial afecto a Santiago Tejero por introducirme, y también al Ayuntamiento de Campillo de Ranas y su personal, con los que ha dado gusto trabajar.

Un fuerte abrazo.



martes, 4 de diciembre de 2018

Presentación en Campillo de Ranas

Queridos amigos, si pasáis este puente en la Sierra de Guadalajara, estáis invitados a la presentación de LA SIERRA DISTANTE, que tendrá lugar el sábado 8 de diciembre a las 18:30 horas, en el Centro de Interpretación de Campillo de Ranas (Centro AN, en el cruce de la GU-186 con la GU-185, según se llega al pueblo).

Quiero agradecer la imprescindible colaboración y disposición del Ayuntamiento de Campillo.


jueves, 29 de noviembre de 2018

El video de los perros y el ciervo

Todos hemos visto el video estos días. En él aparece una rehala de perros sujetando a un venado, un macho de ciervo, en el borde de un precipicio. Uno de esos fascinantes lances cinegéticos, heroicos y masculinos, donde perros de caza y presas luchan en ancestral igualdad de condiciones, el atavismo de la pasión de la caza, algo que los ecolojetas y los urbanitas no pueden comprender. Al poco, los perros (esos desgraciados podencos mil leches, que ya quisieran la consideración de los galgos) comienzan a despeñarse y desaparecen de la imagen. El rehalero se aproxima sin ninguna prisa, con su chaleco de butanero, cuchillo de remate en ristre. No he visto más; para algunas cosas desagradables tengo el estómago fino, pero me cuentan que al final se despeñan doce perros junto con el ciervo.

Además de la habitual rabieta, tan visceral como pasajera, de todo el mundo en las redes sociales, el video forzó una respuesta de los cazadores. Por fin, piensas. Por una vez van a hacer autocrítica y pedir disculpas. Esa salvajada no tiene excusas. Pero no: reaccionaron con su habitual flema de zarina ofendida. A tenor de la polémica, los de Jara y Sedal tardaron bien poco en sacarse de la manga un artículo titulado Así deben ser las imágenes de caza que muestras en las redes sociales, que recoge una serie de consejos de algún tipo experto en posar con cadáveres de manera elegante. Rollo narco mexicano. Me he animado a extraer algunos pasajes. Para empezar, califican la brutal muerte de doce perros en una montería como "imagen no representativa de nuestra actividad". Supongo que en el resto de las monterías el ambiente canino es el de un pipican y que la vida horripilante de los perros de rehala es otro invento del ecologismo. Después empiezan los consejos. Arrancan con un "Evita la presencia de sangre... maquilla su presencia". Sigue un "En ocasiones el animal que hemos cazado yace con la lengua fuera. Introdúcela de nuevo en el interior". Con respecto a la pose, "Olvídate de sentarte encima, cogerle de las cuernas u orejas... por supuesto elementos como bebida o cigarros no deben aparecer". Continúan con "Explora tu creatividad" y "Cuida el estilismo". No es broma.

A algunos, estos alegatos y justificaciones nos parecen todo un alarde de cinismo y crueldad, algo intolerable para alguien con un mínimo de moral. Porque, bueno. No me molesta el hecho de la caza en sí, lo que me cuesta entender es su mentirosa autojustificación. Porque la caza es lo que es: una pasión anacrónica, de mal entendida masculinidad, donde todo consiste en matar animales para divertirse. Ni la caza es ecuánime, ni es conservación, ni respeta nada ni a nadie, ni genera dinero o empleo en el medio rural, sino todo lo contrario. No estaría de más que algún día esta gente fuera de cara y dijera alto y claro que, simplemente, les gusta matar, que disfrutan matando y que lo van a seguir haciendo. Que les importa un bledo la matanza de perros, el sufrimiento gratuito o la extinción previsible de muchas de las especies que persiguen, amén de las más de cuarenta personas que matan al año sólo en España "por accidente". Que lo digan, que no lo maquillen. Para que todo el mundo sepa a lo que atenerse cuando se los topan o tienen un conocido cazador. Que todos tengamos claro que lo que les gusta es matar por placer. Aunque pretendan que parezca un accidente.


miércoles, 21 de noviembre de 2018

Robledales en otoño

Hace una semana, en una nublada y llovisquera jornada de otoño, me acerqué a la vertiente norte del Macizo de Ayllón para echar el día entre montes y vientos. En aquella zona siempre hace frío, siempre azota ese viento incómodo que nunca llegas a saber si es que baja de las montañas o sube desde la meseta. Además del habitual silencio sepulcral de la montaña ayllonense, me llevé a casa la belleza paisajística del otoño en forma de robledales, que aquel día encontré especialmente hermosos, "en su punto".

Tan comunes en nuestras sierras que casi pasan desapercibidos, las hojas lobuladas de los robles compiten sin reparos en belleza con las de las hayas. Porque no sólo de hayedos y castañares vive el otoño.

- Carriles forestales, silenciosos y quietos, que llevan a ninguna parte; atravesados a diario por el corzo y el jabalí, la garduña y el zorro, flanqueados por las diminutas setas que, vistas de cerca, siempre me hacen pensar en delicados mundos feéricos:




- Desde las zonas altas se tienen las mejores perspectivas. Las faldas del monte, que parecen lomos de animales que se hubieran echado a dormir, se tapizan de intensos rojos entre los robles jóvenes, las brecinas y los brezos, dando la imagen romántica de las tundras en otoño:


- También los fondos de los barrancos adquieren gran belleza. Allí, los alisos, álamos y sauces se unen a los robles, cada uno mostrando su característico fractal de colores cálidos:


- Después de comer, cuando la lluvia empezó a arreciar, me refugié bajo un roble. Mi perro se acurrucó entre mis piernas, sabedor campestre, pese a su juventud, de que hay que aprovechar cualquier descanso. Casi por sorpresa, reparé en la gran belleza que tenía aquel pequeño vallejo: el suelo de cuarcita y pizarra triturada era de un casi perfecto negro, azabache, zaíno, carbón, que teñía los charcos. Una de esas pequeñas sorpresas cromáticas que de vez en cuando te regala la Sierra:


- Al atravesar uno de los barrancos, me acerqué a la orilla para el perro bebiera del río. Yo no pude evitar agacharme también, recoger agua con las manos y beber el agua fría. Arriba no había vacas ni ovejas y el agua bajaba directa de la cumbre. El suelo allí estaba tapizado de una esponjosa alfombra de hojas de Populus tremula:


- Y al final, ya casi llegando de vuelta al coche después de la pateada circular a la montaña, el sol despuntando al fin entre las nubes, tímido, dando un poco de calor, como si animara a salir fugazmente al arcoíris. Y digo yo: ¿es que se puede ser más feliz que pasando el día entero caminando por el campo, en silencio y sin preocupaciones, sin deberes ni obligaciones, sin otros humanos? ¡No, no se puede!


domingo, 18 de noviembre de 2018

Rescates de Zamenis scalaris

Dejo unas fotos de culebras de escalera (Zamenis scalaris) que he rescatado durante el presente otoño en carreteras de Guadalajara. Incluso en días nublados, muchos ejemplares se acercan al asfalto para aprovechar el poco calor que acumula. Lo cierto es que la mayor parte de ellas no se toma nada bien la manipulación. 







lunes, 12 de noviembre de 2018

Recuerdos de Gredos

Debe haber pasado ya más de año y medio desde la última vez que visité la Sierra de Gredos, y no puedo evitar cierta morriña. A pesar de que hay muchas otras sierras que visito mucho más a menudo, pues no debe llegar a la veintena el número de mis salidas en Gredos, esta enorme cordillera, de 150 kilómetros de longitud y enormes montañas de gris acero, tiene para mi ese aire sacro único que sólo poseen las grandes alturas.

Es cierto que Gredos es meca de montañeros y que algunos de sus caminos están demasiado hollados, pero he tenido la suerte, o el privilegio concedido por alguna deidad misteriosa, de haber disfrutado siempre de Gredos en soledad. Largas jornadas de montaña y silencios inmortales, noches maravillosas dentro de refugios, leyendo alumbrado por una chasca de madera de piorno, desayunos fríos sentado a la puerta, observando la inmensidad. 

Fotografía "con temporizador" tomada en la Portilla de Bohoyo a 2.358 metros de altitud, allá por 2013.


martes, 6 de noviembre de 2018

La sierra distante - Puntos de Venta

Actualizamos los puntos de venta de LA SIERRA DISTANTE:

- Alcalá de Henares:
·Librería Diógenes (C/Ramón y Cajal, 1). También disponen de los últimos ejemplares de mi anterior libro Escuchando el silencio.
·Notting Hill Bookshop (Plaza Santos Niños, 5)

- Guadalajara:
·Librería LUA, Librería Universitaria Alcarria (C/Virgen de la Soledad, 14)

- Online:
· www.linneo.es (Servicio Bibliográfico de Quercus)

- Contacto directo para ejemplares dedicados: apr.prieto@gmail.com