miércoles, 13 de junio de 2018

Espejo Lobo

Está a la venta Espejo Lobo, obra de Concha López, publicado por Libros en Acción (EEA). La obra fusiona catorce relatos de ficción, inspirados en hechos reales y ambientados en zonas loberas de la Península Ibérica, con otros tantos artículos escritos por expertos en el mundo del lobo (Fernando Palacios, Isabel Barja, Jorge Echegaray, etc.). Los relatos dan a conocer las diferentes causas humanas que ponen en peligro la etología y supervivencia del lobo, y los artículos que les siguen aportan una visión científica y objetiva de cada problema en particular (caza, veneno, ganadería, turismo irresponsable, etc.)

Mi amiga Concha ha tenido la amabilidad de considerarme experto en el lobo, aunque ciertamente estoy lejos de serlo. Así, he tenido el honor de colaborar escribiendo dos artículos del libro: "Influencia de la alimentación suplementaria en el lobo ibérico" y "El lobo, eterno proscrito en Guadalajara".

Mucha suerte en la aventura literaria.


¿Por qué nos resulta tan difícil sostener la mirada del lobo?
¿Tendrá que ver con la imagen que de nosotros nos devuelve?

lunes, 11 de junio de 2018

Tarántula en la lluvia

Tengo que reconocer que, de vez en cuando, no puedo evitar incordiar a las Lycosa hispanica a la entrada de su hura. Esta sensacional tarántula (nombre que los exploradores españoles llevaron a América al encontrar a las grandes arañas de allí) no es tan fiera como pudiera parecer, ya que tienden a huir de la presencia de animales grandes, lo que hace muy difícil que lleguen a picar a un ser humano. En cualquier caso, su veneno, diseñado para paralizar insectos, no hace más daño que el de una avispa.

Las hembras, de hasta cuatro centímetros, pasan la mayor parte del tiempo en el interior de su agujero o bien al acecho al borde del mismo. Los machos, más pequeños, pueden verse correteando a gran velocidad por las laderas del monte mediterráneo.

Dejo algunas fotos de una Lycosa fotografiada en el Alto Tajo, en un lluvioso día de junio que más parecía de invierno. De esas veces en que el protagonista está dispuesto a posar y se echa de menos un buen objetivo macro. Obsérvense los grandes quelíceros, los pedipalpos y los ojos frontales propios de todo predador, diseñados para enfocar.




Equipo: Sony DSC-HX350.

martes, 5 de junio de 2018

Los problemas del sapo partero (Alytes sp.)

Los sapos parteros común (Alytes obstetricans) e ibérico (Alytes cisternasii) son dos especies de pequeños anuros peninsulares, de color gris pardo levemente moteado, que se caracterizan porque los machos portan encima el cordón de huevos fecundados hasta que las larvas están lo bastante crecidas como para depositarlos en el agua.  La gran diversidad en formas y comportamientos que esconden los anfibios ibéricos, dentro de su relativamente moderada diversidad, no deja de ser fascinante y generalmente desconocida. Pese a que estas dos especies de Alytes están catalogadas como de "preocupación menor" a nivel global (UICN, 2006), muchas poblaciones se encuentran en franca regresión. 

El principal factor, además del cambio climático, las sequías recurrentes o la afección por hongos (quitridiomicosis), es la destrucción o modificación de algunos de sus principales puntos de reproducción: abrevaderos, pilones o albercas, elementos cuyas características han cambiado con el abandono del medio rural y los usos tradicionales. Estos elementos tan típicos de los pueblos y su entorno también se han visto afectados por las modernas intervenciones estéticas, que nunca tienen en cuenta que estos puntos de agua son claves para algunas especies de anfibios. 

Es de vital importancia la presión de científicos, expertos y naturalistas, ya sea a nivel particular o asociativo, para asesorar a las administraciones en unas actuaciones de conservación que además son particularmente sencillas y de bajo coste. Lamentablemente y como suele suceder, en un país donde se ha permitido la extinción del urogallo o donde el lobo se gestiona a tiros, pequeñas joyas como los anfibios importan a muy poca gente y las administraciones no les dedican el más mínimo esfuerzo, con lo que la desaparición progresiva de muchas poblaciones ocurre en medio de un discreto y terrible silencio.

La imagen de un sapo partero común cargando con la ristra de huevos a la espalda es, sin duda, una auténtica maravilla de la naturaleza. Hace unos días pude observar un ejemplar de una población de montaña (~1400 m.s.n.m.), mientras nos encontrábamos rodeados del coro de cantos de otros machos, un leve silbido que recuerda al del autillo, nunca al canto de un anfibio.





-Equipo: Huawei P20 Pro.


domingo, 27 de mayo de 2018

Zerynthia rumina

Un par de fotografías de mariposas arlequín (Zerynthia rumina) vistas durante esta primavera en el Macizo de Ayllón y el Alto Tajo. Especie propia de terrenos abruptos y muy ligada a hierbas y arbustos tóxicos de la familia Aristolochiaceae. El característico diseño de las alas la hace inconfundible. 



Equipo: Canon Eos 600D/Sigma 16-300mm y Huawei P20 Pro.

lunes, 14 de mayo de 2018

Streptopelia turtur

Dejo una fotografía sin valor artístico pero que, después de un intenso día de monte, me ha dejado un buen sabor de boca antes del regreso a casa. Se trata de una simple tórtola común (Streptopelia turtur) en la Sierra de Ayllón. Digo simple porque es un ave de sobra conocida en España; lo que no todo el mundo sabe es que esta hermosísima columbiforme atraviesa por un momento dramático en toda su área de distribución europea.

En las últimas décadas ha sufrido un severo declive poblacional: el abandono de las prácticas agrarias tradicionales y de la ganadería extensiva (lo que redunda en la pérdida de superficies herbáceas y puntos de agua mantenidos por pastores), además del uso de herbicidas, han puesto en jaque a la especie. A estos problemas hay que añadir, como siempre, la caza, a la que algunos se ve que no pueden renunciar.



jueves, 26 de abril de 2018

Un bicheo de primavera

Después de un par de semanas sin poder salir al campo, afrontaba aquel día de libertad completa con una feliz serenidad. El despertador sonó mientras aún era de noche, conduje bebiendo café y escuchando en la radio las estúpidas noticias del mundo de los hombres, y dos horas después me bajaba del coche en un remoto paraje con el sol apenas amanecido. Ya cantaban los pájaros: herrerillos, cucos, bandos de mitos. Observé con placer que el arroyo llevaba bastante agua: hacía cuatro años que no lo veía así. Más allá del sencillo placer de pasar toda la jornada caminando libremente por montes salvajes, sin caminos ni injerencia humana alguna, andaba con los ojos atentos a cualquier pequeño movimiento.

Las altas temperaturas y la abundancia de agua (además de lo paradisíaco del entorno) prometían un día productivo en cuanto a herpetos (anfibios y reptiles) se refiere. Tenía buenas vibraciones, pero los registros superaron las previsiones que llevaba en mente. Pude documentar ocho especies, tres de anfibios y cinco de reptiles, aunque sé que allí habitan muchas más que no pude descubrir, bien por sus costumbres o velocidad, bien por sus hábitos horarios. Dejo aquí una muestra fotográfica de algunos de estos seres maravillosos que pude observar, tan curiosos y sorprendentes en su variedad.

- Normalmente se utiliza la expresión "ojos de sapo" como calificativo despectivo. Yo debo tener el gusto atrofiado, porque pocas obras de la naturaleza me parecen más bellas que los ojos del sapo corredor (Epidalea calamita):



- Sapo común (Bufo spinosus), macho, encontrado al atardecer en el curso de un arroyo estacional. El pequeño tamaño les diferencia de las hembras:


- Dos ejemplares de lagartija ibérica (Podarcis hispanicus) soleándose en la mezcla de rocas y sillares de caliza de un remoto aprisco de pastores. Obsérvese la diferente librea, moteada en el macho, linear en la hembra:



- En el mismo muro en el que descansaban las Podarcis, distinguí desde lejos una pequeña forma negra. Me acerqué despacio, pensando en un principio que pudiera tratarse de alguna lagartija melánica. Cuál fue mi sorpresa al sorprender una Tarentola mauritanica, especie de geco que está expandiéndose de manera sorprendente a partir de los cursos fluviales. Dicen que es debido a la atemperación de las mínimas debido al cambio climático, pero lo cierto es que en este lugar es normal amanecer en invierno a quince bajo cero:


- Más abundante que las Podarcis hispanicus es en esta zona la lagartija colilarga (Psammodromus algirus). Como curiosidad, pude observar las gráciles capacidades natatorias de un ejemplar joven:



- Sabía que la culebra viperina (Natrix maura), de lejos el más abundante de los ofidios ibéricos, iba a aparecer por allí. Nunca dejará de sorprenderme la capacidad que tiene esta especie para adaptar su coloración al entorno en el que vive. Si abundan las algas, la Natrix maura serán verdes. Si las aguas son bermejas, serán rojas. Si como en este caso predominan los tonos pardos y arena, así serán las culebras:


Andaban por allí también el lagarto ocelado, el eslizón tridáctilo, la rana común, el sapillo moteado, la víbora hocicuda y varias especies más de culebras, pero no quisieron posar para las fotografías. Sin embargo me daba con un canto en los dientes. Como siempre, al regreso de una fructífera jornada de campo, pensaba en el privilegio que había tenido de poder estar allí, en aquel remanso de paz y tranquilidad, rodeado de silencio y vida salvaje. No desearía haber estado en ningún otro lugar, ni haciendo ninguna otra cosa.

"It is an incalculable added pleasure... to know, even slightly and imperfectly, how to read and enjoy the wonder-book of nature"
Theodore Roosevelt.


Equipo: Canon 600D con objetivo Tamron 16-300mm.

sábado, 7 de abril de 2018

Noche de corredores

Había pasado muchas veces por esa pista forestal estos dos últimos años, pero nunca había visto aquella charca, seguramente porque nunca hasta entonces había aparecido. El mes de marzo más lluvioso desde hace veinte años, según dicen, le había dado la vida. Se trataba de una hondonada rodeada de robles y prados verdes, protegida por algún roquedo. A su lado pasaba la pista. Serían las ocho de la tarde, anochecería en pocos minutos. La charca me daba buen pálpito. Dejé el coche en el arcén y esperé.

Al poco rato comenzó el concierto. Al principio fue algún pequeño tenor despistado que cantaba casi con vergüenza, como en un ensayo. Poco a poco tuvo respuesta. Encendí el frontal y vi cómo los sapos aparecían desde cualquier parte, brotando como pequeñas setas andarinas que hubiera brotado tras la lluvia. Pequeños pares de ojos brillantes que avanzaban a cómicos trompicones hacia la balsa, que salían de las rocas o que surgían de repente en el agua. Treinta, cuarenta, cincuenta sapos corredores (Epidalea calamita) acudieron a la charca y estallaron en cantos. Un par de sapos comunes (Bufo spinosus) se mantenían apartados de la vorágine. El sapo de espuelas (Pelobates cultripes) se limitó a cantar desde lejos. Demasiado para él.

- Diferentes machos cantando, un "criii criii criii" prolongado e insistente que recuerda al de los grillos. El amplio saco vocal les permite alcance suficiente como para reunirse. También poseen un grito de suelta que emiten los machos que se acoplan por error.






- Dos ejemplares con dibujo y coloración características. Por su corpulencia ligeramente mayor, el segundo es probablemente una hembra.



- Ejemplar atropellado en una pista forestal:


- Equipo fotográfico: Canon 600D con objetivo Tamron 16-300mm-