jueves, 5 de octubre de 2017

Jabalíes, panteras y jóvenes


Este verano, durante un viaje de trabajo, estaba alojado en una agradable casa rural en un pueblo diminuto. Casitas de piedra y frescos pinares alrededor. Silencio y buenos desayunos. Una mañana, un compañero salió a correr por el campo. Yo estaba en una mesita junto a una ventana, trabajando con el ordenador; cuando regresó, entró alterado en la casa porque en un carril forestal se había encontrado con una jabalina, acompañada de un par de rayones. Recuerdo que, en su día, para mí también fueron impactantes mis primeros encuentros con jabalíes andando solo por el campo, así que no le di demasiada importancia. Pero para él la experiencia había resultado entre sorprendente y aterradora, y me preguntó varias veces si había corrido peligro su vida.
Días después, fue objeto de intensa cobertura mediática la noticia de que por los montes de Guadalajara, al norte de Jadraque, campaba a sus anchas una pantera. La nueva corrió como la pólvora, fundamentada en testimonios de los vecinos y en un par de fotografías. En una foto aparece un felino en un campo segado, donde los rastrojos secos apenas miden diez centímetros, y le llegan por la barriga. Se trataba de un gato, probablemente un gato montés. Mi amigo Raúl Ablanque dice que la gente, incluso la de los pueblos, desconoce por completo la fauna ibérica que tiene a la puerta de casa e identifica cualquier cosa con la fauna africana de la televisión. Y tiene toda la razón. Alguien vio un gato montés y el estúpido misterio de la pantera duró mes y medio. Y la gente quería creer en ello. Que nadie se sorprenda si le preguntan si esos corzos son gacelas. A mí me han preguntado si en España hay leones. Lo cierto es que la explicación de la pantera como un gato montés, en lugar de despertar el interés por una especie tan cercana como fascinante, cedía inexplicablemente ante la fantasía.
Estas dos anécdotas podrían leerse en clave cómica, pero tienen un fondo lamentable. Dicen que la sensibilidad por la naturaleza y los animales está en auge, y puede que sea cierto, pero si ese aprecio no se sustenta en un mínimo conocimiento no vale nada. Absolutamente nada. Y ese desconocimiento, que en todo buen español es motivo de cierto orgullo personal, es terriblemente mayoritario entre los jóvenes. Cierto que hoy no tenemos un comunicador a la altura de Félix, y la minuciosa y progresiva eliminación de la Naturaleza que se ha producido en las escuelas y planes oficiales de estudio, durante los últimos años, gracias a la élite de mediocres y fantoches que han estado al frente de la educación en España, no ha ayudado lo más mínimo.
Pero esta ignorancia supina, forjada tanto en el no saber, como en el que te educan para no querer saber, tiene mucho riesgo para el medio ambiente: por un lado, podemos tender a considerar la naturaleza como un jardín o un espacio de ocio, o caer en inevitables concepciones naif del animalismo; por otro, podemos ser presa de los malvados, los indiferentes, los canallas que sólo ven el campo como algo que exprimir y explotar. Sin conocimientos, un cazador te puede convencer con su anticientífico, falso e inmoral argumentario. Sin conocimientos, las sensibilidades no tienen una base sólida. Sin conocimientos, no tienes argumentos de autoridad. Sin conocimientos no sabes qué estás defendiendo ni porqué. No todo el mundo tiene que llevar dentro un biólogo, ni interesarse por la clasificación científica de cualquier bicho que se encuentre, pero veo que aun los fundamentos más básicos de algo tan fascinante como es la naturaleza ibérica son algo bochornosamente testimonial. Una realidad preocupante que nos deja a merced de los sinvergüenzas.

¿Una gacela en la sabana, o un corzo en un trigal entre encinas?

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Pequeños carniceros

Buscando lobos por las estribaciones orientales del Sistema Central, no es raro toparse con otros depredadores terrestres. Así, además de zorros, tejones o gatos monteses, en el vagabundeo en pos del cánido mirando al suelo aparecen con frecuencia insectos y arácnidos, que también definen su existencia por consumir a otros seres.

Dejo algunas fotografías de los últimos meses, que tienen como protagonistas a arácnidos, mántidos y la acción higienista de los formícidos.

Fotos 

- Espectacular tarántula ibérica o araña lobo (Lycosa hispanica), a la entrada de su hura en un encinar alcarreño. En un trasecto de diez kilómetros por pistas y carriles forestales llegué a localizar, sin buscarlas intencionadamente, más de veinte huras, la mayoría ocupadas por tarántulas.


- Preciosa araña del género Eresus, atravesando a toda prisa un pinar. En esta época de inicios del otoño parece que los machos recorren sus territorios en busca de hembras.


- Mántido trepando entre gramíneas. No soy capaz de definir si se trata de Mantis religiosa o de Iris oratoria. El animal miraba curioso a las dos personas que le estaban fotografiando, girando la cabeza alternativamente. Al movernos, estiraba las garras hacia las ramas cercanas, en un movimiento que nos recordaba a los de los monos cuando quieren alcanzar una rama. Ambos coincidimos en que la mantis poseía una evidente inteligencia.


- Hormigas dando cuenta de una musaraña (Crocidura russula). Son muchos los encuentros de musarañas muertas a la vera de los caminos. En un principio podría pensarse en que mueren de viejas o debido a patologías derivadas a su aceleradísimo metabolismo(de 700 a 1200 latidos por minuto). Sin embargo, la explicación más plausible al hallazgo de musarañas muertas se debe a que son cazadas y no consumidas por los depredadores, debido al mal sabor que producen dos glándulas que poseen a ambos lados del cuerpo. Parece un frío método de selección natural o de autoprotección de la especie: al haber probado y abandonado la musaraña, el zorro o la garduña se lo pensarán dos veces antes de capturar la siguiente.


viernes, 8 de septiembre de 2017

Despegue de ratonero

Un par de imágenes de un ratonero común (Buteo buteo) captadas el pasado mes de junio cerca de Sigüenza. La rapaz me permitió captar la hermosa variedad de su plumaje en las cobertoras, primarias y secundarias.

Como detalle curioso, que al igual que muchas otras veces sólo descubres al ver la fotografía en le ordenador, éste ejemplar había sufrido algún tipo de accidente en la garra izquierda, donde le faltaba casi toda la cera.


miércoles, 30 de agosto de 2017

Un tejón a la luz del día

Este es Pancho, un macho de tejón que vive en el Alto Tajo. Sin saberlo, me ha ayudado mucho durante los últimos meses a conocer y comprender el comportamiento y hábitos de esta especie, esquiva y estrictamente nocturna. Parece que por ahora vive en su madriguera únicamente con su hembra.

Discretos, desconocidos y distantes, habitando en silencio su remoto rincón del mundo.


domingo, 13 de agosto de 2017

El lobo se reproduce en Guadalajara

Comparto la fotografía de una loba recién parida que detecté el pasado mes de junio en la provincia de Guadalajara, dentro del marco de trabajo de Proyecto Lobo-Censo Lobo Ibérico. En la imagen se observan perfectamente las mamas hinchadas.

La fotografía ya se ha difundido públicamente en la edición de agosto de la revista Quercus, donde se ha incluido un texto explicando los problemas que enfrenta esta especie emblemática en la provincia: dificultades evitables, como la caza y el veneno, que podrían ser solventadas si no fuera por la indolencia de la administración regional.

domingo, 30 de julio de 2017

Artículo en Quercus, agosto 2017

Tengo el honor de comunicar que me publican un artículo acerca de la situación del lobo ibérico en la provincia de Guadalajara en la edición de agosto de la revista Quercus (cuaderno nº 378): "Furtivos y veneno castigan al núcleo lobero de Guadalajara". Artículo de dos páginas y media en la sección "Conservación".


Este trabajo se enmarca en el contexto de publicaciones de "Proyecto Lobo-Voluntariado para el Censo y Evaluación del Estado de Conservación del lobo ibérico". Es un resumen inicial de un año de trabajo e investigación, anticipo de futuras publicaciones.

Desde aquí quisiera agradecer a José Antonio Montero esta oportunidad para hacer pública la situación límite del lobo en Guadalajara en una edición del prestigio de Quercus.

martes, 25 de julio de 2017

Los falsos paraísos del lobo: Zamora

Artículo publicado y difundido en prensa y redes sociales, dentro del marco de trabajo en Proyecto Lobo: Voluntariado para el Censo y Evaluación del Estado de Conservación del Lobo Ibérico.

LOS FALSOS PARAÍSOS DEL LOBO: ZAMORA

Si preguntáramos a naturalistas, investigadores o simples aficionados al lobo ibérico (Canis lupus signatus) sobre qué provincia o región  española es el “paraíso” de este animal, muchos de ellos contestarían que Zamora. Yo mismo pude ver allí algunos de mis primeros lobos y fue en sus caminos donde aprendí a reconocer sus rastros. En Zamora está la mítica Sierra de la Culebra y comarcas zamoranas como Sanabria, Carballeda, Benavente o Aliste son conocidas zonas loberas de siempre.

Sin embargo, la dolorosa realidad del lobo ibérico está tan patente en Zamora como en otros lugares. En este artículo se exponen y analizan datos publicados en el Boletín Oficial de las Cortes de Castilla y León (BOCCL-09-017872, Número 286, de 12 de junio de 2017, PE/004845-03/9, páginas 35.178-35.185) donde se desgranan los lobos muertos en el período 2010-2016 por diferentes causas.

Detrás de la frialdad de las estadísticas, se esconde el silencioso drama de una especie que parece no lograr escapar de la maldad del hombre: si antes el lobo era perseguido por ser considerado un rival para las gentes del campo, hoy en día en España al lobo se le mata por dinero.

ANÁLISIS DE LOS DATOS

Durante el período 2010-2016, la Junta de Castilla y León (en adelante JCyL) declara sólo en Zamora la cifra de 222 lobos muertos: 42 lobos atropellados, 3 lobos abatidos por furtivos y 177 lobos abatidos por cazadores. Analicemos estos datos con detenimiento.

Atropellos

Una de las principales causas de mortalidad no natural de varias especies de mamíferos son los atropellos. Algunas como el tejón(Meles meles) o el erizo(Erinaceus europaeus) son particularmente vulnerables. En cuanto al lobo, analizando los datos de Zamora que declara la JCyL, vemos que también el cánido sufre una tasa de muertes por atropellos más allá de lo tolerable: 42 ejemplares han sido encontrados atropellados en seis años.

En España, las soluciones que ofrece la administración ante la mortalidad de la fauna en las carreteras son testimoniales o sencillamente no existen. Es cierto que la mayoría de atropellos se dan en carreteras secundarias, donde son difícilmente evitables. Ahora bien, es necesario apreciar que dado el elevado número de lobos muertos por atropello en el periodo referido y teniendo en cuenta la escasez natural de esta especie, no somos capaces de entender cómo no se sustrae esta cifra de los desmesurados cupos de caza oficiales autorizados por la JCyL: una manada puede sufrir bajas por atropello y después tener que soportar la presión permanente de la temporada de caza. Pero como veremos más adelante, matar lobos es un negocio muy lucrativo y sustraer 42 cánidos de los cupos habría limitado lucros económicos. Ni que decir tiene que es físicamente imposible encontrar todos los lobos que mueren atropellados, con lo debemos estimar la cifra oficial al alza.

Furtivismo

La JCyL ofrece la ridícula cifra de 3 lobos abatidos por cazadores furtivos en el período 2010-2016, registrados todos  con la “causa probable” de “disparo no legal”. En este apartado no podemos hacer más comentarios de lo cómica que resulta esta cantidad, pues la persecución ilegal del lobo en España es algo tan rutinario como la legal. No somos capaces de entender cómo la lucha contra el furtivismo únicamente ha sido capaz de registrar 3 casos en seis años. En el Boletín autonómico no se habla de envenenamientos, cepos o lazos, ni se tienen en cuenta casos como el del lobezno de Latedo, muerto a palos por un ganadero.

Se da la circunstancia de que una de las explicaciones peregrinas con que la JCyL comenzó hace años a justificar el establecimiento de cupos de caza del lobo (143 permisos anuales para la Comunidad Autónoma a fecha de hoy, 40 para Zamora) era paliar el furtivismo. El cinismo de esta cruel ironía de cifras no necesita comentarios.

Caza

La caza es una de las facetas más siniestras de la relación de la sociedad con la fauna salvaje, y en el caso del lobo en Castilla y León la realidad es escandalosa. Como se ha explicado más arriba, desde hace años la JCyL autoriza un cupo anual para la caza del lobo. Según Ecologistas en Acción, el reparto de permisos “no detalla la metodología empleada para decidir el número de lobos a abatir“. Básicamente, todo se reduce a que cada coto tenga su cupo. Esta práctica no es selectiva, está sobredimensionada y es contraproducente para la conservación de la especie, sin entrar en las consideraciones morales.

La principal consecuencia de la caza para una manada de lobos es su desestructuración, con lo que pierde su capacidad venatoria, los ejemplares inexpertos quedan desvalidos y aumenta su tendencia a atacar al ganado. Los cazadores no distinguen entre los lobos y, en caso de poder hacerlo, van a optar siempre por eliminar a los individuos más fuertes (alfas del grupo), lo cual tiene efectos dramáticos, tanto inmediatos (desintegración de la manada) como para el futuro de la especie (cada lobo cazado, además de un crimen execrable, es una joya genética que se pierde).

La JCyL dice en su Plan de Conservación y Gestión del Lobo que uno de sus objetivos es “fomentar al lobo y a su imagen como un recurso socioeconómico que favorezca el desarrollo rural”. Que sepamos, el único fomento del lobo como recurso que hace esta administración es matarlo: incluso en el “Centro del Lobo” de Robledo de Sanabria, un supuesto espacio dedicado a la conservación de la especie, se hace apología directa de la caza del lobo para manipular a escolares y turistas.

En dicho Plan de Conservación también se pretende “auspiciar la investigación científica sobre su biología, ecología y comportamiento, y la divulgación al público en general de todos estos conocimientos”. La única divulgación que ha hecho la Junta es el censo de la especie, realizado por empresas consultoras y científicos contratados sin seguir un criterio técnico ni científico adecuado. Sus datos dan intencionadamente un número de lobos muy superior al real, con el único fin de poder justificar su caza.

Es necesario aclarar que en España se contabiliza cada grupo reproductor con la cifra de 9-11 lobos. Las manadas de lobos son sistemas dinámicos y estimar una cifra como media va a darnos siempre una población por encima de la real. En este punto hay que hacer ciertas consideraciones. Como hemos visto, los censos oficiales (de la JCyL y del Ministerio) no son válidos porque emplean una metodología poco precisa: no es raro que se contabilicen tres manadas donde realmente sólo existe una. A esto hay que añadirle que los grupos familiares raramente tienen 9-11 lobos, sino que la cifra real es de 6-7 ejemplares, generalmente menos. El resultado es que la administración cuenta 30 lobos donde realmente puede haber poco más de 10. En función de estos datos se asignan los cupos de caza.

Pero, ¿por qué motivo un gobierno puede fomentar, en la Europa del siglo XXI, una práctica inmoral y anticientífica con una especie amenazada? Para encontrar la respuesta no hay más que informarse acerca de cómo se adjudican los permisos de muerte. Después de una subasta pública, los cazadores pagan altas sumas por el derecho a matar un lobo, cantidades que pueden superar los 4.500 euros. Las justificaciones esgrimidas (reducir el conflicto con el ganado o paliar el furtivismo) son falsas, desmontadas por la más simple lógica científica y la evidencia económica. Detrás de todo está como siempre el lucrativo negocio de la caza: al lobo se le mata por dinero.

Finalmente, los datos de la JCyL confirman que la mayoría de los lobos cazados en Zamora lo son en la modalidad de “espera/aguardo”. Es sencillamente imposible matar tantos lobos haciendo esperas: resulta más que evidente que para ello se recurre a cebaderos artificiales, como se lleva denunciando muchos años. ¿Qué responsabilidad tienen aquí los celadores de la Junta? ¿Los agentes medioambientales no saben nada de esto? ¿Por qué nadie habla claramente de lo que ocurre? Las empresas de ecoturismo que llevan a la gente a ver lobos a estos cebaderos, ¿desconocen que después se mata allí mismo a esos lobos? Está demostrado que sí, pero esto no parece significarles ningún conflicto moral.

Conclusiones

Los depredadores apicales son escasos por naturaleza y es ecológicamente imposible que exista superpoblación de los mismos, dada su profunda territorialidad. En el caso del lobo, la manada es un sistema complejo donde entran en juego le aprendizaje y la experiencia de los ejemplares: existen innumerables trabajos científicos que demuestran que una manada fuerte y mantenida en el tiempo no tiende a atacar al ganado doméstico, a la vez que ejerce una labor ecológica fundamental para la salud de los ecosistemas. Protegiendo al lobo, conservamos todos los elementos del medio en el que vive. Matar lobos logra todo lo contrario.

Ninguna de estas consideraciones merece ser tenida en cuenta por la Junta de Castilla y León, obsesionada en fomentar y justificar la caza del lobo. Su consejero de Fomento y Medio Ambiente, Suárez Quiñones, al igual que la actual ministra, García Tejerina (ambos del Partido Popular) concentran sus esfuerzos de conservación en viajar a Europa para solicitar poder matar más lobos, citando palabras textuales de la ministra.

Hemos querido analizar estos datos oficiales de la provincia de Zamora dado el carácter emblemático que tiene esta región entre los aficionados al lobo. Vemos que ni siquiera allí se hace una gestión responsable de la especie ni se dedican esfuerzos mínimos para su protección y conservación. Una especie irremplazable, patrimonio de todos, está sometida a los intereses económicos del negocio de la caza y a raspar un puñado de votos. Zamora es, como casi todos los demás, un falso paraíso para el lobo ibérico. Una intolerable situación que tiene que cambiar.

Abraham Prieto.
Proyecto Lobo-Voluntariado para el Censo y Evaluación del Estado de Conservación del Lobo Ibérico.