sábado, 2 de diciembre de 2017

Madre soltera al atardecer

En el corzo el parto gemelar es muy frecuente, hasta el 80% de los casos en algunas regiones. Como en otros mamíferos, la probabilidad de parto múltiple es menos probable en las madres primerizas.

En la imagen, hembra de corzo con sus dos crías del año en los campos de La Bodera, Guadalajara.


lunes, 6 de noviembre de 2017

Sobre acuerdos a puerta cerrada (CETA)


Que los políticos viven de generar cortinas de humo y de no resolver conflictos es una realidad que existe desde siglos antes de que existieran los medios de comunicación de masas, porque son estrategias que siempre han servido para engañar a la gente. Vivimos en unos días donde nos enfrentamos a problemas gravísimos que los políticos dejan enrarecerse, de manera que puedan explotarlos electoralmente y que les rente a ellos, a su miríada de parásitos y a sus sucesores. En estos días en que en España vivimos secuestrados por la cansina tramoya catalana, nuestra irresponsable y arrogante clase política nos la ha vuelto a meter doblada aprobando el CETA, el acuerdo de libre comercio entre Canadá y la Unión Europea que no es sino la antesala del TTIP.
Este tipo de tratados, que suenan a sana y libre competencia, consisten en suprimir entre los países firmantes las barreras comerciales, tanto las de tipo arancelario como, y esto es con lo que debemos alzar las orejas, las de tipo no arancelario. Es decir, además de garantizar la concentración de mercado en las multinacionales, arrinconando a los pequeños productores, estos acuerdos buscan restar validez a las normas nacionales sobre la salud, la alimentación o el medio ambiente y, como apuntan diversos estudios, no consisten más que otro paso más para restar soberanía a los estados en favor de las empresas.
En La Vanguardia leemos que "Greenpeace afirma que Canadá tiene estándares de seguridad y etiquetado de alimentos más débil que la Unión Europea y que su agricultura depende más de pesticidas y cultivos modificados genéticamente". Cuando uno bucea un poco, encuentra que en Canadá son legales alimentos que aquí no lo son: salmón clonado, maíz modificado genéticamente, pollo con cloro y cerdo dopado con hormonas de crecimiento. Por otro lado, PACMA afirma que "El tratado supone un impedimento para los países que quieran aumentar sus estándares de bienestar animal", señalando que "...los ya existentes podrían reducirse para mantener precios competitivos". Si bien la Comisión Europea considera todas las críticas infundadas, los ciudadanos debemos permanecer escépticos ante la simple experiencia de tratados anteriores.
El interesado manejo de la realidad a espaldas de los ciudadanos debe mantenernos críticos, sobre todo con este tipo de acuerdos debatidos y firmados a puerta cerrada y aprobados de manera opaca, cuyas consecuencias se envuelven en un calculado secretismo. Con esto del CETA no nos han bombardeado en la radio y la televisión, y únicamente ha sido posible enterarse de ello a través de las redes sociales y periódicos digitales. En España, Congreso y Senado lo han sacado adelante muy deprisa, puede que por temor a la creciente oposición al mismo, que no es otra cosa que temor a que la gente se haga preguntas y exija respuestas. Han pisado el acelerador, pero creo que realmente no era necesario. Estas cosas no enardecen a las masas, no motiva a los patriotas, no abre telenoticias, no reúne sabios contertulios. Son asuntos de interés nacional que nunca harán sacar banderas a los balcones. Parece que hay cosas más importantes por las que preocuparse.

domingo, 29 de octubre de 2017

Restaurando hábitats en el Alcorlo

Siempre me había gustado la panorámica que ofrecían desde la carretera los montes circundantes del pantano del Alcorlo. Montes pelados, sí, pero recubiertos de una densa capa de matorral heliófilo, sobre todo jaras, con algunos chopos y sauces en los vallejos. Pese a tratarse de un paisaje arrasado en tiempos pretéritos, ya fuera por el carboneo, las quemas o el sobrepastoreo, ofrecían una imagen de naturaleza tranquila que podía dar los primeros pasos hacia la recuperación. Eran, además, montes transitados constantemente por liebres, zorros, tejones, gato montés y toda clase de pequeñas aves, y que no escapan del patrullaje aéreo del águila real y del gran duque, además de dar sustento al corzo y ser escenario de la expansión del ciervo en la zona.

Llevaba varios meses sin pasar por la carretera que bordea el embalse y no tuve más remedio que poner las luces de emergencia y apartar el coche en el arcén. Aquel día encontré aquellos montes arrasados en una imagen que me resultó postapocalíptica. Maquinaria pesada había convertido las laderas en una horrible escena de colinas aterrazadas para una plantación, suponía, de pinos. Me encontraba ante una política de montes similar a la de aquel ICONA que tanta guerra dio y que hoy en día, en España, sigue en plena vigencia, ya sea con pinos o con eucaliptos: plantaciones, no bosques, con efectos dramáticos para la biodiversidad desde cualquier punto de vista. El primer paso, blindado legalmente, es la destrucción literal y exhaustiva del entorno para el aterrazado.

Consultado el BOE, el proyecto original consiste en una repoblación supuestamente multiespecífica (coníferas y frondosas) en la que predominan abrumadoramente los pinos plantados en terrazas, acompañados de la consecuente nueva red de pistas, carriles y cortafuegos. Es necesario detenerse en algunos de los efectos negativos evidentes de este sistema, convenientemente señalados y estudiados por varios autores.

Modrago et al. (2005) nos hablan de que las repoblaciones con pinos provocan "un descenso del porcentaje de materia orgánica y un empobrecimiento del complejo de cambio en los suelos de las terrazas, así como un aumento de la acidez de los suelos de las repoblaciones. Aunque estos cambios son tales que, al mismo tiempo, han propiciado la evolución de los suelos hacia condiciones ecológicas similares a las de los suelos de los pinares naturalizados comparables, se considera acertado favorecer, en la medida de lo posible, la obtención de masas multiespecíficas facilitando la instalación de especies mejorantes". Plantaciones multiespecíficas que en España, como sabe cualquiera que salga al campo, no son precisamente un éxito.

Otros autores, analizando los beneficios hidrológicos de estas plantaciones, señalan que se beneficia la escorrentía y la capacidad de la tierra para recoger agua (Martínez de Azagra et al., 2002). Beneficios que también podrían lograrse favoreciendo las especies arbóreas autóctonas (encina, robles, salicáceas), que sin embargo no son rentables económicamente para las sacas de madera, como sí ocurre con los pinos. Estos autores señalan además que "Los problemas se plantean porque la preparación del suelo llevada a cabo afecta a la mayor parte de la superficie de la ladera y remueve gran volumen de tierra. Esto implica, además del notable impacto paisajístico de la nueva topografía del graderío, la eliminación excesiva e injustificada de la vegetación preexistente, la posible formación de tastanas que dificulten la infiltración (al quedar mucho tiempo al desnudo el suelo removido), el riesgo de desplazamiento en masa en época de lluvias, el peligro de erosión hídrica por regueros y formación de cárcavas al concentrarse la escorrentía en determinados puntos, y la interrupción drástica de la evolución edáfica natural". Todos estas posibles consecuencias la he observado personalmente a lo largo de muchos años de campeo en Guadalajara, donde abundan este tipo de repoblaciones o plantaciones. Todo ventajas.

Es incontestable que esta actuación no puede calificarse sino como dramática para la pequeña avifauna que característica del matorral (currucas, mirlos, alcaudones) así como para los mamíferos predadores o las variadas especies de reptiles (lacértidos, culebras) que allí encuentran acomodo y que, a duras penas, habrán podido escapar de la maquinaria y la destrucción de las laderas. La zona es susceptible también de albergar Erica cinerea y otras especies vegetales protegidas y que, de momento, no sabemos si se han visto afectadas por la intervención.

Es destacable lo que el BOE referido a este "Proyecto de Restauración hidrológico-forestal en la cuenca del embalse del Alcorlo" dice sobre el impacto en la fauna: "Con respecto a la fauna, el proyecto generará la pérdida temporal de hábitats y de zonas de cría y alimentación, pero con el paso del tiempo se verán favorecidas por la masa forestal resultante de la repoblación". Me pregunto cuántas décadas son necesarias para que toda la fauna expulsada del lugar pueda asentarse en una repoblación que será mayoritariamente una plantación de pinos. Eso de "temporal", que suena a unos meses, en realidad son varias décadas. Y cuando ese tiempo pase tendrán que adaptarse a vivir en una plantación artificial, nula en biodiversidad en comparación con la vegetación natural de la zona que hubiera podido y debido recuperarse.

Para terminar, las imágenes valen más que mil palabras. Ilustran en todo su esplendor eso de "impacto paisajístico":




miércoles, 18 de octubre de 2017

NO hay que limpiar el monte


Después de la dramática oleada de incendios forestales provocados que ha arrasado el noroeste de la Península, una de las argumentaciones y frases hechas que más enarbolan los que no tienen ni idea, y que usan en cuanto tienen oportunidad para que parezca que entienden o aportan algo, es que “hay que limpiar el monte”. O que el monte “está sucio”. O que hay “mucho matorral”. Estas opiniones, inocentes en apariencia, son estupideces peligrosas que sólo pueden achacarse a la desvergüenza o la ignorancia. Porque decir que el monte arde porque está sucio, es acusar del mal a la víctima. Exactamente lo mismo que acusar a la mujer violada de que iba provocando. Porque no, el monte no arde por tener matorral, el monte lo queman por intereses económicos.

Desde mucho antes de que apareciera el Homo sapiens, los montes estaban sometidos al fuego de manera natural. Los primeros bosques aparecieron hace 400 millones de años, los primeros hombres hace trescientos mil, y la agricultura hace diez mil. En este largo paseo desde el Devónico hasta el Neolítico, ¿cómo no se convirtió la Tierra en una pira? ¿No estaba el monte “sucio”? ¿Quién lo “limpiaba”? Hoy en día, tomando como ejemplo datos de la Fiscalía en Asturias, sólo el 2% de los incendios tienen su origen en causas naturales, como pueden ser los rayos. El 12% responde a imprudencias humanas. El 6% a causas desconocidas. El 80% de los incendios son intencionados, la gran mayoría de ellos por ganaderos, para generar pastos.

Eso de “limpiar el monte” es una barrabasada extendida a sabiendas por esos buitres de dos patas que llegan después de los fuegos. Porque a nadie le importa el papel ecológico del matorral, ni la biodiversidad del estrato arbustivo, fundamental para la existencia de la mayoría de especies animales y parte imprescindible del ciclo de la materia. Todo eso da igual. Nadie, muy pocos, aparecen en la televisión o los periódicos explicando de manera sencilla que los bosques autóctonos, los encinares, robledales, abedulares o hayedos no arden sino les meten cerilla a conciencia, y que en caso de arder nunca lo harán con la virulencia de las explotaciones de pino o eucalipto. Porque el bosque autóctono, con su "sucio" sotobosque, es una barrera natural contra el fuego. Casi nadie dice que es nuestro deber y nuestra obligación favorecer y aumentar las especies autóctonas.

Pero no. Nos quieren hacer creer que un robledal plenamente desarrollado es un monte sucio e improductivo, y que esos pinares y eucaliptales sin sotobosque son bosques, y no lo son: son plantaciones, vacías, sin vida, pero muy rentables para unos pocos canallas que quieren enriquecerse sin trabajar. Éste tipo de gente, como un tal Daniel Colado, va por ahí soltando perlas como “Si hay un culpable del fuego es el combustible acumulado en los montes abandonados”. Públicamente, en un periódico y sin ponerse colorado. Buceas y descubres que el tipo es presidente de la Asociación Empresarial de Silvicultura y Medio Ambiente de Asturias. Se puede tener la cara más dura, pero creo que es difícil.

Tal vez haya que endurecer las penas. Meter a los incendiarios en la cárcel por muchos años. Inhabilitar a esos que arrasan el patrimonio de todos para tener más y más vacas abandonadas y subvencionadas. Y por supuesto hay que educar, sensibilizar, dejar claro que el monte no arde, sino que lo queman. Se puede y debe hacer todo eso, pero jamás se acabará con los incendios hasta que se ponga fin a la rentabilidad económica post-incendio. El problema es que con la ignorante, mediocre y corrupta clase política que maneja el medio ambiente, plagada de mentirosos, interesados y analfabetos, vendidos a los empresarios, a los malos ganaderos y a los cazadores, los incendios forestales no van a terminarse nunca. Al menos hasta que ya no quede nada que pueda arder.

jueves, 5 de octubre de 2017

Jabalíes, panteras y jóvenes


Este verano, durante un viaje de trabajo, estaba alojado en una agradable casa rural en un pueblo diminuto. Casitas de piedra y frescos pinares alrededor. Silencio y buenos desayunos. Una mañana, un compañero salió a correr por el campo. Yo estaba en una mesita junto a una ventana, trabajando con el ordenador; cuando regresó, entró alterado en la casa porque en un carril forestal se había encontrado con una jabalina, acompañada de un par de rayones. Recuerdo que, en su día, para mí también fueron impactantes mis primeros encuentros con jabalíes andando solo por el campo, así que no le di demasiada importancia. Pero para él la experiencia había resultado entre sorprendente y aterradora, y me preguntó varias veces si había corrido peligro su vida.
Días después, fue objeto de intensa cobertura mediática la noticia de que por los montes de Guadalajara, al norte de Jadraque, campaba a sus anchas una pantera. La nueva corrió como la pólvora, fundamentada en testimonios de los vecinos y en un par de fotografías. En una foto aparece un felino en un campo segado, donde los rastrojos secos apenas miden diez centímetros, y le llegan por la barriga. Se trataba de un gato, probablemente un gato montés. Mi amigo Raúl Ablanque dice que la gente, incluso la de los pueblos, desconoce por completo la fauna ibérica que tiene a la puerta de casa e identifica cualquier cosa con la fauna africana de la televisión. Y tiene toda la razón. Alguien vio un gato montés y el estúpido misterio de la pantera duró mes y medio. Y la gente quería creer en ello. Que nadie se sorprenda si le preguntan si esos corzos son gacelas. A mí me han preguntado si en España hay leones. Lo cierto es que la explicación de la pantera como un gato montés, en lugar de despertar el interés por una especie tan cercana como fascinante, cedía inexplicablemente ante la fantasía.
Estas dos anécdotas podrían leerse en clave cómica, pero tienen un fondo lamentable. Dicen que la sensibilidad por la naturaleza y los animales está en auge, y puede que sea cierto, pero si ese aprecio no se sustenta en un mínimo conocimiento no vale nada. Absolutamente nada. Y ese desconocimiento, que en todo buen español es motivo de cierto orgullo personal, es terriblemente mayoritario entre los jóvenes. Cierto que hoy no tenemos un comunicador a la altura de Félix, y la minuciosa y progresiva eliminación de la Naturaleza que se ha producido en las escuelas y planes oficiales de estudio, durante los últimos años, gracias a la élite de mediocres y fantoches que han estado al frente de la educación en España, no ha ayudado lo más mínimo.
Pero esta ignorancia supina, forjada tanto en el no saber, como en el que te educan para no querer saber, tiene mucho riesgo para el medio ambiente: por un lado, podemos tender a considerar la naturaleza como un jardín o un espacio de ocio, o caer en inevitables concepciones naif del animalismo; por otro, podemos ser presa de los malvados, los indiferentes, los canallas que sólo ven el campo como algo que exprimir y explotar. Sin conocimientos, un cazador te puede convencer con su anticientífico, falso e inmoral argumentario. Sin conocimientos, las sensibilidades no tienen una base sólida. Sin conocimientos, no tienes argumentos de autoridad. Sin conocimientos no sabes qué estás defendiendo ni porqué. No todo el mundo tiene que llevar dentro un biólogo, ni interesarse por la clasificación científica de cualquier bicho que se encuentre, pero veo que aun los fundamentos más básicos de algo tan fascinante como es la naturaleza ibérica son algo bochornosamente testimonial. Una realidad preocupante que nos deja a merced de los sinvergüenzas.

¿Una gacela en la sabana, o un corzo en un trigal entre encinas?

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Pequeños carniceros

Buscando lobos por las estribaciones orientales del Sistema Central, no es raro toparse con otros depredadores terrestres. Así, además de zorros, tejones o gatos monteses, en el vagabundeo en pos del cánido mirando al suelo aparecen con frecuencia insectos y arácnidos, que también definen su existencia por consumir a otros seres.

Dejo algunas fotografías de los últimos meses, que tienen como protagonistas a arácnidos, mántidos y la acción higienista de los formícidos.

Fotos 

- Espectacular tarántula ibérica o araña lobo (Lycosa hispanica), a la entrada de su hura en un encinar alcarreño. En un trasecto de diez kilómetros por pistas y carriles forestales llegué a localizar, sin buscarlas intencionadamente, más de veinte huras, la mayoría ocupadas por tarántulas.


- Preciosa araña del género Eresus, atravesando a toda prisa un pinar. En esta época de inicios del otoño parece que los machos recorren sus territorios en busca de hembras.


- Mántido trepando entre gramíneas. No soy capaz de definir si se trata de Mantis religiosa o de Iris oratoria. El animal miraba curioso a las dos personas que le estaban fotografiando, girando la cabeza alternativamente. Al movernos, estiraba las garras hacia las ramas cercanas, en un movimiento que nos recordaba a los de los monos cuando quieren alcanzar una rama. Ambos coincidimos en que la mantis poseía una evidente inteligencia.


- Hormigas dando cuenta de una musaraña (Crocidura russula). Son muchos los encuentros de musarañas muertas a la vera de los caminos. En un principio podría pensarse en que mueren de viejas o debido a patologías derivadas a su aceleradísimo metabolismo(de 700 a 1200 latidos por minuto). Sin embargo, la explicación más plausible al hallazgo de musarañas muertas se debe a que son cazadas y no consumidas por los depredadores, debido al mal sabor que producen dos glándulas que poseen a ambos lados del cuerpo. Parece un frío método de selección natural o de autoprotección de la especie: al haber probado y abandonado la musaraña, el zorro o la garduña se lo pensarán dos veces antes de capturar la siguiente.


viernes, 8 de septiembre de 2017

Despegue de ratonero

Un par de imágenes de un ratonero común (Buteo buteo) captadas el pasado mes de junio cerca de Sigüenza. La rapaz me permitió captar la hermosa variedad de su plumaje en las cobertoras, primarias y secundarias.

Como detalle curioso, que al igual que muchas otras veces sólo descubres al ver la fotografía en le ordenador, éste ejemplar había sufrido algún tipo de accidente en la garra izquierda, donde le faltaba casi toda la cera.