sábado, 31 de julio de 2021

Leche de almendras

La reflexión de hoy viene de una gilipollez. Pero creo que tiene un trasfondo preocupante y lo mismo merece la pena, ya que a veces las minucias llevan a los grandes temas. Bueno: siempre me despierta gran curiosidad lo que considero falta de perspectiva, esa incapacidad de hacerse preguntas, de cuestionarse las certezas, de dar otra vuelta de tuerca a nuestros planteamientos y preguntarnos qué hay más allá. El caso es que, hace unos días, un amigo compartió una viñeta que criticaba la leche de almendras. Era muy mala viñeta, simplona, muy básica, no entendía dónde quería llegar con ella. Salía un angelito en el cielo, mirando hacia la Tierra, diciéndole a Dios que los hombres estábamos haciendo leche con almendras. Y Dios se lamentaba: Él ya nos había dado muchas especies animales que daban leche. Los hombres somos por tanto idiotas. El mundo se va irremediablemente a tomar por culo, decía Dios.

Lo cierto es que mi amigo, que si compartió aquel meme es porque se identifica con su mensaje, es una persona culta. Me gusta que tengamos opiniones divergentes en muchos temas. Nada grave: él tiende hacia la indignación, creo que con algo de cinismo; en cambio yo suelo aceptar las cosas con resignada indiferencia, puede que tendiendo a la misantropía. Si discutimos sobre algo, escuchamos atentamente lo que expone el otro, no preparamos una réplica atrincherados, sordos y sin atender, que es lo que hace la mayor parte de la gente. Es una persona que lee libros, buenos libros, algo que para mí tiene gran importancia para valorar cómo piensan los demás: interesarse por una historia, por lo que dice un escritor, el tener esa sencilla capacidad de sentarse a leer, en silencio, son rasgos que me dicen mucho de una persona.

Si estás leyendo esto, tío, no te mosquees. Pero a un auténtico ilustrado no le puede cabrear que los seres humanos estemos haciendo leche con almendras, avena, soja o lo que sea. Estas bobadas nos quitan perspectiva, nos distraen de los verdaderos problemas. Se me ocurre alguna que otra cuestión mucho más grave que sí merece nuestra indignación, no sé, ¿la pérdida de biodiversidad? ¿La sobreexplotación de los recursos? ¿Que cada vez haga más calor? A lo mejor hay gente que prefiere beber leche de almendras, o comer derivados de la soja, porque sabe que con los recursos naturales que consume una vaca explotada en intensivo comen cientos de personas: un cartón de leche que no sabe a nada requiere miles de litros de agua, y a saber cuánto terreno. Esto no son bobadas ecolojetas, sino alertas científicas, realidades incómodas que mañana mismo nos van a traer desplazamientos migratorios masivos, catástrofes naturales, subida del nivel del mar, nuevas epidemias y alteraciones severas de nuestra cómoda vida. Todo eso sí que son problemas, amigo, y bien gordos. La leche de almendras no lo es, ni siquiera es un tema. Creo, en fin, que el tener perspectiva para saber identificar los mecanismos que utilizan para distraernos es importante. En realidad, pensar que todavía existe el criticismo es de las pocas cosas que me hacen mantener algo de una fe que no quiero perder tan pronto.